Feminismo sí, Socialismo no - El Club de los Viernes

Feminismo sí, Socialismo no

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David Soriano Sanz

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Soy David Soriano, resido en Barcelona y trabajo en el área de desarrollo de negocio de una empresa tecnológica.
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El marxismo siempre ha entendido la historia como una dualidad. Lo hace con la lucha de clases, asumiendo que existe una parte explotadora y otra explotada. De la misma manera lo hace con la lucha de género, entendiendo que existe el hombre explotador y la mujer explotada.

Las medidas que se proponen desde la lógica marxista para revertir esta situación es limitar las libertades individuales de una parte de la población (los hombres) para el beneficio de las mujeres. Asumen que ésta es la única forma de compensar a la mujer por la opresión históricamente recibida. Básicamente buscan la igualdad a través de la ley y no la igualdad ante la ley. Piden, ni más ni menos, que se legislen sus opiniones. Querer cambiar por decreto una mentalidad machista no solo no funciona, sino que además es totalmente absurdo.

¿Por qué asumen que es menos inmoral discriminar a un hombre que discriminar a una mujer? ¿No estaríamos volviendo a otro escenario de desigualdad en el que según su lógica el género opresor es el femenino? ¿No es injusto ponerle a alguien etiquetas por algo que ni siquiera escogió como es el hecho de nacer hombre?

Esta manera tan simplista de ver la realidad hace que las mujeres que defienden el feminismo posmoderno asuman un papel de víctima y culpen de su situación al contrincante, al sexo opuesto. Nos explican que vivimos en un sistema de dominación masculina y recurren entonces al aparato Estatal, que es el único que tiene el monopolio de la violencia física, para compensarlas por ello, castigar al hombre, y así conseguir la liberación de la mujer.

Solo se consigue salir del papel de víctima si se es consciente de que se puede superar esta situación de víctima. Las mujeres que defienden este feminismo se empeñan en no concederse la capacidad de poder superar esta condición por ellas mismas.

De esta forma, la única forma de defender a la mujer es desde el socialismo y si no defiendes estas ideas no estás en posición de defender a las mujeres. Otorgar al Estado la responsabilidad de esta liberación basándose en políticas de género solo genera conflicto, confrontación y desigualdad de derechos. El machismo es practicado tanto por hombres como por mujeres. Para superarlo, por tanto, es necesaria la implicación tanto de hombres como de mujeres.

¿Qué es lo que hace a las mujeres auténticamente libres? Pues exactamente lo mismo que hace a los hombres auténticamente libres: el Mercado. El Mercado entendido como lo que surge de la libre interacción entre personas. El Mercado te hace poder tomar las riendas de tu propio destino y poder desarrollar tu proyecto de vida según tus intereses siempre y cuando no se perjudiquen los intereses de los demás.

El trabajo te hace no depender económicamente del hombre que te maltrata, te hace poder tener ahorros para emanciparte y no estar subordinada al ámbito doméstico y te hace poder desarrollar tu creatividad y talento. El capitalismo, en definitiva, empodera a la mujer.

Las mujeres que persigan la libertad y asuman que quieren ser dueñas de su propia vida deberían pues asumir mayores responsabilidades individuales y exigir al Estado los mismos derechos individuales para todos y no más restricciones a las libertades de los hombres. Es decir, que las mujeres puedan comerciar libremente con personas de otros países sin restricciones arancelarias para luchar contra la pobreza, que las mujeres puedan obtener la ciudadanía en un país independientemente de la renta que tengan para luchar contra el clasismo. Que las mujeres puedan ir a terceros países libremente sin que se les pare en la frontera teniendo en cuenta su nacionalidad para luchar contra la xenofobia. Y, por supuesto, que hombres y mujeres sean iguales ante la ley, pues es la igualdad de derechos y no otra la única que se debe perseguir entre hombres y mujeres.

Como decía Friedrich Hayek: “La lucha por la igualdad formal y contra toda discriminación basada en el origen social, la nacionalidad, la raza, el credo, el sexo, etc. sigue siendo una de las características más importantes de la tradición liberal”.

A partir de conseguir esta igualdad las mujeres podrán conseguir la liberación. Asumir estas responsabilidades requiere de una enorme valentía, pero es ésta una cualidad abundante en las mujeres, por lo que están más que preparadas para la batalla.

 

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