El mercado es el límite del estado - El Club de los Viernes

El mercado es el límite del estado

El mercado es el límite del estado
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Sergio Marqués

Sergio Marqués

SERGIO JOSÉ MARQUÉS PRENDES (Gijón, 1972) Licenciado en Veterinaria por la Universidad de León. Desarrollo de productos de producción animal para el sector privado.
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El mercado

Existe la generalizada creencia, especialmente entre la “nueva casta” política, de que sus decisiones no tienen otro límite que el de su voluntad política.

Que el gobierno, en base a criterios ideológicos, posee una ilimitada capacidad para imponer sus decisiones en casi todos los ámbitos de nuestra vida.

Y aunque esto pueda parecernos, inicialmente y a la luz del más que evidente intervencionismo estatal que padecemos, una realidad incuestionable, analizando casos concretos podremos descubrir que en la práctica tal afirmación es más ficción que realidad.

El salario mínimo interprofesional y la prima de riesgo

Dos importantes variables económicas, el Salario Mínimo Interprofesional y la Prima de Riesgo, nos servirán de ayuda para ilustrar que el poder del estado no tan absoluto como pudiera parecernos.

Por una parte, la Prima de Riesgo de un país, esto es, el precio de la deuda estatal, viene determinada por el mercado.

¿Nunca se han preguntado cómo algo tan importante como la financiación de un país puede ser dejado por el estado en manos de “malvados especuladores”?

¿Cómo es posible que el estado omnipotente permita que los mercados le doblen la rodilla en el precio de la deuda? La respuesta es sencilla: todo se debe a que, por ahora, existe la posibilidad, la libertad, de negarse a comprar deuda pública.

Existe la posibilidad de decir NO.

Los mercados y la deuda

Si el estado fijase unilateralmente un interés oficial a la deuda que emite, y este no fuese atractivo para los inversores, nadie la compraría.

Los mercados, las personas, ejercerían su derecho a no comprar, razón por la cual, al estado no le queda más remedio que permitir que sean los inversores los que decidan a que interés debe emitirse su deuda.

El estado no “permite” operar libremente al mercado de deuda pública porque crea en las bondades del libre mercado, lo “permite” porque no le queda más remedio.

La teoría nos dice que un mercado es libre cuando existen para todos sus actores igualdad de condiciones y libertad de entrada, pero nunca se recalca lo suficiente que igual de importante es la posibilidad de no entrada y la libertad de salida.

En realidad tanto el mercado de deuda pública, como el de acciones, como muchos otros, son mercados libres básicamente porque el estado no puede obligarnos a entrar, ni a permanecer en ellos, en contra de nuestra voluntad.

Por el contrario, el mercado de trabajo parece aparentemente controlado por el estado.

El mercado laboral

Hasta que se invente una forma sostenible de vivir sin trabajar, el mercado laboral (excluidos los rentistas) es de entrada cuasi obligatoria para el común de los mortales.

Si queremos vivir, en general tendremos que trabajar, y es por ello que el estado puede establecer en dicho mercado las condiciones que considere pertinentes, permitiéndose el lujo de legislar e imponer en él criterios intervencionistas tales como la imposición de un Salario Mínimo y otros (Seguridad Social, Convenios Colectivos, etc…).

Y si alguien no quiere aceptar esas normas, ya sabe lo que le espera… o trabajar en la ilegalidad, o morirse de hambre.

Sin embargo, esta aparentemente ilimitada capacidad de intervención está en realidad seriamente limitada.

El salario mínimo interprofesional

Tomando como ejemplo el Salario Mínimo Interprofesional, la imposición del mismo solo producirá la perdida de trabajo en aquellos trabajadores que no sean capaces de compensar con su productividad el equivalente a la renta mínima fijada.

Por tanto, y mientras el Salario Mínimo se mantenga por debajo del salario fijado por el mercado, su imposición será prácticamente irrelevante.

Pero, si en su locura intervencionista, un nuevo presidente del gobierno fijara un salario mínimo de 3.000€/mes, muchos acabarían (acabaríamos) en la cola del paro, pues ningún cliente asumiría la subida de precios que supondría la repercusión de ese incremento en los costes de producción.

Eso sin contar con que a medio plazo se terminaría elevando la tasa de inflación, lo que vendría a disminuir nuevamente la renta real de los trabajadores “beneficiados” , por el simple procedimiento de generar una subida generalizada de los precios.

La evidencia nos dice que una vez que el estado detecta un mercado en el que la posibilidad de autoexclusión no existe o es muy remota, desatará en él su intervencionismo más feroz, camuflado siempre como defensa del interés general.

Pero dicho intervencionismo, siempre tiene un límite: el que fija el propio mercado.

Superado este límite, la intervención simplemente producirá la destrucción del mercado.

La intervención del estado

En definitiva, y excepto que la voluntad gubernamental sea la destrucción deliberada de mercados y riqueza (Comunismo y sus variantes) la intervención estatal tiene los límites que le marca el mercado.

Y recuerden que, como en tantas otras cosas, la verdadera libertad en un mercado consiste no tanto en poder elegir entre diversas opciones, como en poseer la capacidad de negarnos a realizar actos en contra de nuestra voluntad… En poder decir: NO GRACIAS.