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SALVEMOS EUROPA, RESETEANDO A LA UE

SALVEMOS EUROPA, RESETEANDO A LA UE
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Luis M. Negrete Leal

Luis M. Negrete Leal

Abogado. Master en Asesoría Jurídica de Empresas por el IE Business School (Madrid). Asesor legal y financiero, experto en Banca Privada y financiación.
Luis M. Negrete Leal

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SALVEMOS EUROPA, RESETEANDO A LA UE

El edificio “Paul-Henry Spaak” (o PHS), fue construido en Bruselas hace 24 años, en homenaje a este político belga, considerado uno de los padres fundadores de la Unión Europea. El enorme edificio alberga actualmente el hemiciclo en el que se celebran los plenos del Parlamento en Bruselas, el gabinete del presidente y la sala de prensa.

Hace unos días, Google me devolvió esta noticia referente a los múltiples y graves problemas de cimentación del edificio, así como en sus instalaciones:

“Averías recurrentes en los sistemas de calefacción y aire acondicionado. Escapes de agua en los baños, paneles de techo que se caen, goteras, deterioro general de las instalaciones…”

Para el secretario general de la Eurocámara, el alemán Klaus Welle, el estado actual del PHS es tan precario que la mejor solución ya no es la rehabilitación, sino la reconstrucción completa. “Cualquier estructura que no tiene el grado requerido de solidez se comportará como una fila de dominó: cuando ocurra un accidente, la destrucción de un elemento afectará a la estabilidad del resto, en una reacción en cadena que continuará hasta que gran parte o toda la estructura quede destruida”, avisa Welle en una nota confidencial.

Como adivinará el lector, la tragicómica situación de este edificio es una fiel metáfora de la grave crisis que aqueja a la Unión Europea. Lo más alarmante es que ese “accidente” desencadenador del efecto dominó, ya ha ocurrido: por mucho que los “arquitectos” traten de ocultarlo a base de apuntalamientos normativos, es evidente que el Brexit supone la puntilla definitiva al ambicioso proyecto de la Unión Política (totalmente inconcebible sin la participación de Reino Unido) Pero no sólo eso: la ausencia de los británicos afectará también al adecuado funcionamiento de las transacciones económicas en el interior del continente, estableciendo restricciones a la libre circulación de personas, capitales y mercancías. Una pésima noticia para España, destino habitual del turismo y de las inversiones inmobiliarias británicas.

Para empeorar aún más las cosas, el euroescepticismo lleva varios años calando entre los ciudadanos del viejo continente. En varios países miembros, el crecimiento electoral de los partidos anti-europeístas parece imparable, hasta el punto de conseguir el control de varios Gobiernos nacionales (véase el reciente caso de Italia, con el pacto entre ambos populismos de izquierda y derecha)

Los peores augurios vaticinan una próxima repetición de la grave crisis de Deuda que afectó a Europa hace un quinquenio. Así parece confirmarlo el reciente incremento en la prima de riesgo de los países periféricos, España incluida. Esto desembocará en un incremento del coste de financiación, lo cual supone un palo en las ruedas para economías que superan el 100% de Deuda sobre PIB (“habemus recesión”)

Tras este diagnóstico, ¿cómo es posible que algunos sigan sin entender el resultado del Brexit? Los ingleses venían advirtiendo sobre los problemas de la UE desde hace décadas.  Pero no solo los ingleses. Es un hecho que una mayoría de ciudadanos europeos no están (estamos) motivados por la unión política. Así se demostró en varios referéndum sobre la Constitución europea celebrados en 2005, votados negativamente por las poblaciones de varios países tradicionalmente “europeístas”, como Francia y Holanda. Adivinen cuál fue la respuesta de la UE ante ese rechazo popular: haciendo oídos sordos, seguir añadiendo nuevas “alturas” al ruinoso edificio, mediante el alocado proceso de ampliación a 28 miembros; y obcecarse en redactar un nuevo texto constitucional (el llamado “Tratado sobre el funcionamiento de la Unión”, ratificado en Lisboa en el año 2009)

¿No quieres té? Toma dos tazas: un texto construido con los retales de anteriores normas y Tratados, que volvía a imponer la obsesiva y vaporosa idea de la Unión política, ahora ampliada a los antiguos países comunistas del Este de Europa. Obviamente, este “trágala” no podía ser aceptado por Reino Unido, ya que suponía ceder más soberanía y superponer un Tratado internacional sobre su Derecho interno (el cual carece de una norma de rango constitucional) También fue rechazado por Irlanda en primera instancia, debiendo su Gobierno forzar un segundo referéndum, con una victoria pírrica del SI.

¿Resultado?: el flamante edificio de la Unión política apenas tardó dos años en tambalearse de nuevo, con una crisis financiera internacional que puso en serio riesgo la supervivencia del Euro, y que cada uno de los 28 miembros hubo de afrontar de forma individual y con sus propios medios… hasta que varios de ellos bordearon el abismo. Idéntica ausencia de cooperación que se ha reproducido, años más tarde, a la hora de afrontar la crisis de los refugiados sirios.

¿Cómo evitar esta desintegración del proyecto europeo, truncando más de medio siglo de generación de progreso y bienestar? Volviendo a la metáfora con la que iniciamos este artículo, somos muchos los liberales europeos que defendemos deconstruir esta Torre de Babel, reducir su peso y volumen, y refundar Europa con los mismos cimientos que inspiraron a la Comunidad Económica Europea (CEE): Devolver soberanía política a los Estados, eliminar las fronteras nacionales y suprimir (de forma real y efectiva) las restricciones a la libre circulación de personas, capitales y mercancías.

Vaciemos Bruselas de políticos y funcionarios, y llenémosla de científicos y empresarios. Eliminemos la burocracia y el normativismo, y refundemos una Europa basada en la colaboración entre entidades locales, públicas y privadas, enfocada a la innovación y a los intercambios económicos. ¿Qué mejor forma de enfrentarse a los populismos y nacionalismos?

Terminaré con una frase de Nigel Farage, el líder liberal británico que encabezó el movimiento en favor del Brexit. La frase resume la urgencia de una solución definitiva que salve a Europa, lo cual exigirá resetear la UE:

“It’s even more serious than economics because if you rob people of their identity, if you rob them of their democracy, then all they are left with is nationalism and violence. I can only hope and pray that the Euro project is destroyed by the markets before that”

 

 

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