Sociedad, Estado y Nación

Sociedad, Estado y Nación
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Sergio Marqués

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SERGIO JOSÉ MARQUÉS PRENDES (Gijón, 1972) Licenciado en Veterinaria por la Universidad de León. Desarrollo de productos de producción animal para el sector privado.
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[PUBLICADO EN LA NUEVA ESPAÑA]

El liberalismo defiende la libertad individual de todos y cada uno de los individuos que conforman una sociedad, pero teniendo siempre bien presente que todo individuo vive inserto en dicha sociedad, y que los grandes logros del ser humano, han venido definidos por el trabajo colaborativo. Siendo el hecho social irrebatible, hay que tener muy claro que las sociedades no son una creación ni artificial ni misteriosa, sino que se han gestado con un fin, y desarrollado en un marco temporal e histórico determinado. Las coordenadas y valores que definen una determinada sociedad han sido modeladas por su transitar a lo largo de la historia, y a lo largo de ese periplo histórico las sociedades han engendrado naciones. En nuestro caso, somos nosotros, nuestra sociedad, entendida como el conjunto de la generación actual y de todas las precedentes a lo largo de unos 2000 años de historia, las que hemos alumbrado una nación. Una nación a la que llamamos España.

No hay que confundir Estado con Nación. En España los denominados “nacionalistas”, versión civil o terrorista, siempre se refieren a nuestra nación como el Estado Español, para de esta forma asimilar España a un conjunto de normas administrativas, a un constructo artificial basado en un conjunto de leyes, reglamentos y obligaciones. Y efectivamente el Estado a secas es eso, un conjunto de medidas coercitivas y en gran medida opresoras. La nación, sin embargo, es otra cosa. La nación incluye en su seno a los ciudadanos de una sociedad que históricamente se ha articulado alrededor de una idea, de un concepto de sociedad. Hay países que efectivamente han nacido, y por lo tanto articulado, desde un principio alrededor de un Estado. Todos los países africanos o de oriente que adquirieron su condición de estados independientes, incluyendo, mezclando o separando distintos tipos de tribus e ideas sociales, son en gran medida artificios basados en una organización estatalista. Pretenden ser una nación porque son un Estado. No es el caso de España.

La nación española existe desde hace mucho tiempo bajo distintas formas de estado. No se realiza una reconquista a lo largo de 800 años contra un sistema social contario a unos valores y creeencias asentados, si no hay una sociedad detrás que apoye dicha lucha. Las naciones occidentales y los valores que cada una de ellas representan, no son fruto de la construcción estatal. Son construcciones basadas en unas concepciones sociales, que se articulan en naciones. Las naciones, las verdaderas naciones, las nacidas bajo el impulso de sus sociedades, han sobrevivido a los largos y procelosos devenires históricos no por una simple voluntad estatalista, sino por una voluntad social. La URRS es un claro ejemplo de cómo el Estado por sí solo, no es suficiente para mantener vivo un concepto nacional. Nunca existió la nación soviética, sino el Estado Soviético. Una nación sobrevivirá a un Estado fallido, pero una nación fallida no sobrevivirá por simple imposición estatal. España no ha sido nunca una nación fallida (aunque su estado sí que lo haya sido en múltiples ocasiones), y no lo ha sido porque detrás de una nación digna de ese nombre, siempre hay una determinada visión social que la mantiene viva. Es pueril pretender convencernos de que España, una nación que lleva 2000 años surcando los mares de la historia, sea obra de la voluntad o capricho de unos cuantos reyes, tiranos y burócratas.

Querer circunscribir una nación a un Estado, o peor, a un conjunto de pequeños estados, es un paso atrás en la libertad, es un camino hacia el estatalismo. Querer convertir localismos en estados, es querer darle al Estado una preeminencia que no tiene, es avanzar en la senda del control estatal de la sociedad. Quien defienda que la creación de una nación se puede realizar mediante la promulgación de unas cuantas leyes y delimitaciones administrativas, o no sabe lo que dice, o es parte interesada en los beneficios particulares que ese Estado, que no nación, creará para sus nuevos dirigentes. Se argumenta que un estado territorialmente pequeño es más fácilmente controlable por la sociedad, pero como dice mi amigo Javier Jové, el problema del estado no se soluciona creando más estados…

No confundan Estado con Nación. Luchen ustedes contra las injusticias de un Estado mastodóntico, pero no asimilen la lucha contra el Estado con la lucha contra la nación. La primera es una lucha contra una construcción artificial y burocrática, la segunda es una lucha contra la sociedad. En estos tiempos que nos ha tocado vivir, debemos recordar que el Estado es una construcción política y la nación una construcción social. Y usted es un ser social, no un ser estatal.

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