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Lenguaje socialdemócrata

Lenguaje socialdemócrata
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Luis J. Blanco Gutiérrez

Luis J. Blanco Gutiérrez

LUIS J. BLANCO GUTIÉRREZEconomista. Licenciado CC. Económicas Universidad de Alcalá de Henares. Colegiado del Ilustre Colegio de Economistas de Madrid. Empresario. Consejero de Portfolio Holding, grupo empresarial portugués. Anteriormente, director financiero de grupos inmobiliarios e industriales.
Luis J. Blanco Gutiérrez

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El lenguaje socialdemócrata

Si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento”. George Orwell.

La cita corresponde al famoso escritor británico, miliciano trotskista del POUM y posteriormente de la CNT, y que, realmente, viene a significar hechos que hoy en día vivimos con la vertiente descafeinada del socialismo, la socialdemocracia europea.

Nuestra socialdemocracia lleva ya muchos años siendo adalid y responsable de acuñar una serie de términos o campos semánticos que la identifican por completo en su línea de pensamiento.

Los hace suyos y los impone a la sociedad, consiguiendo que sean aceptados con carácter general, constituyéndose finalmente en ideas, conceptos o, incluso, eslóganes, que no son discutidos ni cuya discusión es aceptada con normalidad.

Lo políticamente correcto

Así, cuando hablamos de lo políticamente correcto, casi lo aceptamos como lo que es preciso diplomáticamente o imprescindible para no incurrir en una posible ofensa a terceros, o cuando hablamos de justicia social, tomamos su acepción en el sentido de la indiscutible necesidad de la existencia de una igualdad y redistribución entre los ciudadanos así como una cobertura a los más necesitados.

Pues bien, desde mi particular punto de vista, se trata de conceptos con los que, a priori, todos podemos estar de acuerdo, pero esconden una línea dirigista en el pensamiento que es preciso entrar a considerar.

La casualidad del uso del lenguaje socialdemócrata

En primer lugar, habría que analizar la causalidad del uso.

Las élites políticas europeas se mueven en un solo sentido, la perpetuación de un Estado del Bienestar conjuntamente con un modelo de negociación colectiva dentro de un marco democrático, con unas ideas de fondo de libertad, justicia y solidaridad.

La implantación del modelo, indudablemente, precisa un componente planificador y, en cierto modo, coercitivo, puesto que el establecimiento de un modelo político-económico universal implica el sometimiento de todos los individuos al mismo.

No confundir con el sometimiento a la ley, porque, además de una legislación que ampare la estructura socialdemócrata, hablamos del convencimiento generalizado de que es el modelo idóneo a seguir y no cabe posibilidad de salirse de sus reglas ni tan siquiera de cuestionarlas.

Dentro de este marco, son los políticos, desde sus macroestructuras indispensables para la perpetuación de este modelo a semejante escala, quienes determinan la línea de pensamiento que debe aceptarse para su integridad.

Y el mismo debe trasladarse a la sociedad de forma sencilla y en un modo que haga pensar en la bondad de aquello que se transmite, y lo políticamente correcto o la justicia social son términos suficientemente genéricos para ello, pero también suficientemente indefinidos para poner sus fronteras donde convenga.

Las consecuencias de la utilización del lenguaje socialdemócrata

En segundo lugar, debemos entrar a considerar las consecuencias de la utilización de estos términos.

Y es que, dado del nivel confort que nos proporciona el Estado del Bienestar, no entramos a considerar lo que supone en cuanto a costes, ya sea económicos (falta de empleo o endeudamiento, por ejemplo), ya sea sociales (recortes en las libertades), con lo que tampoco entramos a considerar las consecuencias del lenguaje socialdemócrata utilizado, cuestión aparentemente de mucha menor importancia.

Pero sí la tiene, aunque no lo veamos, puesto que es el arma de asalto más importante, sobre todo por traslado a los medios de comunicación, de la inmersión ideológica en la socialdemocracia.

Por corrección política o justicia social se procede dejar debajo de una alfombra ó, al menos, no se tratan con suficiencia, muchos hechos deleznables e impropios de cualquier catadura moral, cuando no ilícitos, siempre por el qué dirán los demás o por miedo a ofender a terceros al decir las cosas con claridad, suponiendo un desvío de atenciones para ocultar debilidades del sistema socialdemócrata y así poder perpetuar su existencia.

El ejemplo más significativo, el miedo a ofender a la población musulmana ante ataques y asesinatos yihadistas, actitud que desvía la atención de la inoperancia del sistema a la hora de proteger a los amparados por el amplio y protector paraguas del Estado.

O las llamadas de atención sobre la desigualdad salarial, ocultado que ese no es el problema, sino la existencia de rentas muy bajas, desigualdad que se imputa a empresas y mercados y a la que se enfrenta un Estado justiciero que lucha por una mayor igualdad en aras de la ansiada justicia social, cuando realmente su financiación es el motivo de los problemas económicos de mucha gente.

Conclusiones

En resumen, cuando oigan hablar de lo políticamente correcto, de justicia social, de redistribución de riqueza (y no de creación), de violencia de género (y no doméstica, que niños y ancianos también existen, no solo los cónyuges), etc, hagan un pequeño esfuerzo por analizar y cuestionar si no les están ocultando algo, porque realmente no son más que maniobras socialdemócratas para ocultar sus miserias, carencias y, en última instancia, retroalimentar el sistema abduciendo sus voluntades.

3 Comentarios

  1. Borja 12 meses hace

    Un cetebro corrompido /dañado produce pensamientos dañados y por consiguiente – dañinos! Y este es el caso desctito con bastante suavidad 🙁 Es hora de empezar a combatir esta plaga, llamada pensamiento unico políticamente correcto…

  2. laurens 12 meses hace

    Lo mas alucinante y, que al parecer, nadie sabe interpretar o discernir, es que nos estamos acercando peligrosamente al fin de esta podrida civilización, que se cree autosuficiente y desafia, cretinamente, los principios, escritos y revelados, que lo llevarán indefectiblemente a su propia autodestrucción.
    Lo que tiene que suceder, sucederá, nos guste o no, lo jodido es que con nuestra prepotencia estamos colaborando en la aceleración de nuestro propio fin…

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