Cataluña, no hay camino

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Pablo Portilla

Pablo Portilla

PABLO PORTILLA Especialista Universitario en Dinero y Banca por la UNED y Asesor Financiero y de Productos de Inversión por la ESCA. Articulista ocasional en la prensa regional asturiana, es además Experto Universitario en Heráldica, Genealogía y Nobiliaria y autor de varias biografías para el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia.
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Cataluña, no hay camino

Muy triste. Asi resumiría la jornada del domingo. Nadie normal puede estar contento ni celebrar lo ocurrido en Cataluña. No entiendo quién, desde el Estado, ha pensado que podía salir bien mediáticamente lo acaecido durante toda la jornada. No entiendo el interés de quién, desde Cataluña, ha llevado a miles de ciudadanos, de la mano de etarras, a esa carrera hacia ningún lugar que, termine como termine, dejará mucha tristeza y dolor por el camino. Y no, este asunto no hace que olvide la corrupción del PP o del PSOE, ni el permanente saqueo de todos los partidos a los ciudadanos.

El PP se esfuerza en repetir el mantra: “el referéndum es ilegal y por ello en Cataluña no ha habido ningún referéndum”. Pero todos hemos visto las imágenes.

El PSOE de Pedro Sánchez pide diálogo político, pero ¿qué significa exactamente eso?, ¿nos lo pueden aclarar o el pueblo no merece la respuesta de la élite socialista?

Y los políticos secesionistas, como otros tantas veces en la historia, han arrastrado a todo un pueblo al enfrentamiento y a la división. Esos políticos irresponsables que votaban tranquilamente, mientras los simples peones -los que siempre salen perdiendo en todas las batallas- se enfrentaban a la policía en las calles.

Policía y Guardia Civil que, cumpliendo con su deber, hicieron su trabajo de la mejor manera posible, pero que no se merecen ni uno sólo de los políticos que ejercen el mando sobre nuestras fuerzas de seguridad. ¿A qué se enviaron 10.000 policías y guardias civiles a Cataluña? ¿Cómo es posible qué no haya ningún detenido con tantos agentes heridos? ¿Va a tener alguna consecuencia la actitud de la policía autonómica? ¿Si el referéndum no existía o si no servía para nada, era necesaria la intervención de la policía? ¿Alguien me puede decir por qué no se podía entonces dejar a esos miles de ciudadanos participar en ese paripé? ¿Hubiera tenido en ese caso mayor importancia esa votación sin validez que, por ejemplo, el homenaje anual de los republicanos asturianos al oso que mató a Fávila? ¿Saben cómo se ha financiado el referéndum y a qué partidas se han recortado los más de seis millones de euros que la Generalidad se ha gastado en este asunto?, ¿educación, sanidad? ¿Por qué no se detuvo entonces hace ya meses, muchos meses, a Puigdemont y compañía? ¿Por no crear un mártir? Pues ahora tenemos miles de catalanes perdidos por siempre para España.

La imagen del parlamento catalán -sin diputados de PSC, Ciudadanos y PPC- en la que los independentistas, con la ayuda de Podemos (como siempre, como Bildu) retirando banderas españolas, perpetraron el golpe de estado más anunciado de la historia de España, es terrible. Qué haya ocurrido sin que el Congreso de todos los españoles haya reaccionado es un motivo más para exigir la regeneración de la política nacional.

Tenemos todos, todos, lo que nos merecemos. No hemos aprendido nada de nuestra historia. No hemos aprendido que por encima de territorios y de banderas están las personas. No hemos aprendido que para nada sirve la unidad de España si no va acompañada de la igualdad en derechos de todos los ciudadanos. No hemos aprendido que no hay un solo líder político por el que valga la pena partirse la cara. No hemos aprendido que cuanto más Estado hay, menos libertad tiene el ciudadano. Y es bueno recordar que el fin último de los líderes independentistas es ese: crear su propio Estado para someter a los ciudadanos. ¡Porque ojalá fuera para alcanzar mayores cotas de libertad!

Asturias no es distinta al resto de España, como no lo es Cataluña. Por eso es preocupante ver cómo, con el silencio acomplejado de muchos, se permite que unas minorías intolerantes e irrespetuosas con la libertad y la propiedad ajena, ganen terreno en las instituciones. Para colgar pancartas en los balcones de los ayuntamientos aparecen todos, en cambio, sólo Cristina Coto de Foro Asturias se sumó a la festiva y pacífica concentración del día 30 ante los ayuntamientos de toda España para defender la Constitución, mejorable por supuesto, pero garantía de libertad e igualdad para todos. Urge reducir el poder de los políticos, su excesivo número, su constante intervencionismo para decirnos cómo deben ser las sombrillas de la terraza de un bar o imponernos los horarios comerciales de los negocios. Porque resulta evidente que el Estado de las Autonomías es un fiasco -una fábrica de odio a España en manos de políticos- y que el macro-Estado creado en torno a un falso modelo de bienestar es una estafa piramidal. Ha llegado el momento de que el Estado y las autonomías desaparezcan de la educación, de la sanidad o de los medios de comunicación, para que cada persona pueda tomar las riendas de su destino y nos libremos de los fanáticos de todo signo que desde el poder buscan imponernos sus caprichos.

Triste empecé y triste termino, recitando a Machado, tarareando a Serrat… “Al andar se hace el camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.

Artículo publicado originalmente en La Nueva España

 

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