El Apocalipsis como estrategia electoral

El Apocalipsis como estrategia electoral
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Javier Jové

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JAVIER JOVÉ SANDOVAL (Valladolid, 1971) Licenciado en Derecho, Máster en Asesoría Jurídica de Empresas por el Instituto de Empresa y PDG por la Universidad Oberta de Cataluña, desde el año 2.000 desarrolla su carrera profesional en el sector socio sanitario. Es Socio Fundador del Club de los Viernes y miembro de la Junta Directiva del Círculo de Empresarios, Directivos y Profesionales de Asturias. Actualmente escribe en El Comercio y colabora habitualmente en Onda Cero Asturias y Gestiona Radio Asturias.
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[PUBLICADO EN EL COMERCIO DIGITAL]

La profunda crisis que viene padeciendo España desde el otoño de 2007 ha sido aprovechada por Podemos y la izquierda para sembrar entre nosotros un panorama apocalíptico. Durante años hemos sido intoxicados -con la complacencia de los medios de comunicación- con datos e informaciones exageradas y sin sustento real. Se nos ha dicho que en España el 25% de la población está en situación de exclusión, que había decenas de miles de niños desnutridos, que miles de compatriotas tenían que alimentarse buscando entre los cubos de la basura y que 600.000 familias eran desalojadas y desahuciadas de sus domicilios por unos banqueros ávidos de adueñarse de las casas de los más desfavorecidos. Coincidirán conmigo que, pese a la gravedad de la crisis, esa no es la situación real de España.

Pero si esa imagen apocalíptica no es cierta, si no es verdad que España esté al borde del colapso humanitario, entonces ¿por qué es esa la imagen que nos quieren vender? Evidentemente esta intoxicación no es casual, sino que obedece a los intereses electorales de Podemos.

Los medios de comunicación se subieron entusiasmados a este carro apocalíptico, necesitados como estaban de sensacionalismo para subir audiencias y aumentar las ventas. Por otro lado, multitud de ONGs y organizaciones caritativas también se sumaron a la campaña tratando de concienciar a la sociedad española y sensibilizarla para propiciar un ambiente de solidaridad y de movilización que ayudara a recaudar más recursos y fondos con los que paliar las necesidades vitales de los más necesitados. No faltaron los informes y documentales alarmistas de muy poco rigor y evidentes motivaciones políticas y cuyo principal abanderado ha sido Oxfam.

Entre todos se llegó a crear una situación de alarma y paranoia colectiva como si estuviese próximo el fin del mundo. Parecía que España se había convertido en la Tierra de Mad Max, donde las personas luchan por sobrevivir en un planeta arrasado y donde la ley de la selva se había instaurado para el solaz de los ricos, que seguían viviendo en la opulencia mientras los desfavorecidos morían literalmente de hambre y la desigualdad aumentaba a velocidades vertiginosas.

Sabido es que este clima de desesperación y de emergencia social –real o inventado- favorece la floración de movimientos totalitarios y populistas. Situaciones de extrema ansiedad y exasperación inducida que justificarían que el Estado entrara en acción para acabar con las injusticias y desigualdades, que el Estado tomara el control absoluto de la economía, de nuestras haciendas y nuestras vidas.

Nada importa que las propuestas del populismo neocomunista sean precisamente las menos indicadas para resolver los problemas existentes, que las recetas apuntadas por las mareas del 15M no ya sólo no ayudarían a superar la crisis sino que contribuirían a agravarla. Ya hemos visto sus resultados en otras latitudes: escasez, cartillas de racionamiento, control absoluto de los medios de comunicación, encarcelamiento de disidentes, caída dramática de la renta per cápita, inseguridad ciudadana, hiperinflación, etc. Aquí no sería diferente, créanme.

Podemos sabe que necesita de esa situación de tensión y alarma social en la calle para hacerse con el poder, pues las crisis son el caldo de cultivo óptimo para que triunfen las propuestas mesiánicas allanando el camino a su proyecto totalitario. En un clima de normalidad nadie va a apostar por la vía de la revolución y las propuestas rupturistas. Había que subir la temperatura social. Sólo así la población aceptaría entregar al Estado cada vez más parcelas de su libertad.

Para Podemos la verdad no importa. No importa que –como acaba de desvelar un Informe del Instituto Juan de Mariana- España sea una de las naciones con menos desigualdad de Europa, ni que el verdadero problema de nuestra infancia sea la obesidad y no la desnutrición, ni que el porcentaje de personas con problemas económicos severos no sea del 25 sino del 5% o que las familias desahuciadas de sus hogares no lleguen al 1%. Porque recordemos que de lo que les importa no es la verdad, ni resolver los problemas de las personas sino asaltar el poder y para ello nada más efectivo que repetir una y mil veces las mismas mentiras y azuzar la cizaña entre la sociedad.

No podemos ignorar las consecuencias de la crisis económica actual, ni banalizar sobre los dramas personales que la misma ha ocasionado. Pero si realmente queremos superar el bache y remontar el vuelo, no serán la manipulación apocalíptica, ni las propuestas populistas y el comunismo de inspiración bolivariana los que nos saquen de ella. Libertad económica, respeto a la legalidad y al derecho de propiedad son la única garantía para alcanzar la prosperidad.

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