EL BARROCO AZTECA (I)

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José María Ortega Sánchez

José María Ortega Sánchez

Licenciado en Derecho por la Universidad de Valladolid y experto en religiones por la Uned-Fundación Zubiri.
José María Ortega Sánchez

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Los 53 minutos del capítulo First Contact de la serie Civilisations (2018) -traducida en España como “El arte de las civilizaciones”- coproducida por la BBC y la PSB, estudian los efectos en el arte del encuentro de civilizaciones, entre ellos, el de Cortés con los mexicas, al que dedican diez minutos.

Los narradores califican el encuentro de “nefasto”, tildan a Cortés y compañía de “hombres tan sanguinarios como cualquiera de los dioses aztecas”, y afirman que se generó una religión mixta, pues “el ritual cristiano absorbió las creencias indígenas, el día azteca de los muertos se fundió con el día de Todos los Santos, una celebración en la que los mexicanos se comunican con sus muertos (….) que evoca su herencia azteca”. Pero el encuentro también transformó a España, un país que se enriqueció “por las riquezas generadas por el Imperio y la esclavitud”, y originó el arte barroco español, ya que “hay una extraña similitud entre la religión de los aztecas y la del barroco español, porque ambas tratan de la muerte y la sangre”. El mejor ejemplo sería el cuadro El expolio de la Catedral de Toledo. Según Civilisations, el cretense hizo esta obra para no enemistarse con la Iglesia, porque vivía “en una ciudad (atrapada) en las garras de la Inquisición, que torturaba y quemaba vivos a los llamados herejes”, y pintó la túnica de Cristo de rojo por influencia de los sacrificios humanos aztecas.

Lo anterior es un conjunto de desvaríos. Baste señalar que el Día de Muertos, no tiene origen azteca, sino que es la católica fiesta de Todos los Santos modificada por el aztequismo cardenista. En cuanto a El Greco, fue un pintor manierista con tanto miedo a la Iglesia que pleiteó con el cabildo catedralicio porque no le pagaban lo que pidió por El expolio (1579).

Los diez minutos son más relevantes si los comparamos con el resto del documental, y en especial con la parte dedicada al encuentro entre británicos e indios. Frases como “pusieron en contacto a personas que no habían tenido contacto entre sí”, “los británicos no están colonizando, están siendo colonizados” o “Inglaterra inició un romance con la cultura india, y no solo con sus recursos”, falsean el origen y consecuencias del colonialismo británico en India. El poder británico se consolidó en la India porque la implosión del Imperio hispánico que alentaron, produjo un cambio en el eje económico mundial que perjudicó especialmente a los Estados hispanoamericanos y a China, y benefició al Reino Unido.

En cuanto a China, su debilidad permitió a la Compañía de las Indias Orientales impulsar las Guerras del Opio, obligándola a permitir la entrada de la cocaína del momento, producida en plantaciones indias controladas por la Compañía. Para Civilisations el poder militar de la Compañía “es como si ahora Halliburton tuviera submarinos o Google aviones de combate”. En realidad, sería como si “Los Zetas” tuvieran armas nucleares. La dependencia primero de la Compañía y después del Estado británico (1853) fue letal. India pasó de potencia textil a granero mundial, mientras sus hambrunas aumentaban en intensidad y frecuencia, rematando con los 1.5 millones de muertos de la hambruna de 1943.

Podría pensarse que Civilisations recibió malas críticas. Pues no. Sebastian Smee, crítico de arte del Washington Post, la calificó como una serie “casi perfecta” y “obligatoria” para las nuevas generaciones, y destacó Encounters (First contac en la BBC) como el mejor capítulo; y esta fue la tónica general de los principales medios de comunicación anglosajones, como The Guardian y The Daily Telegraph.

No obstante, estos minutos son una joya por varias razones.

En primer lugar, definen la esencia de lo que hoy es la “Leyenda negra”

Una forma de “mirar” lo hispano, que convierte a España en un país occidental por poco, y al resto del mundo hispano en países casi occidentales, por tanto ambos en los márgenes de Occidente y fuera de los forjadores de la civilización occidental. Y ello, por existir un momento –un “pecado original”- en el cual la historia de España se convierte en ominosa, provocando “taras” que aún despliegan sus efectos en los países que formaron parte del Imperio hispánico. En definitiva, el ethos español –e hispánico- sería negativo, basado en la violencia y el fanatismo, y su mayor muestra serían los tres siglos de la Monarquía Católica; y la solución: desespañolizar Hispanoamérica y España.

El chileno Francisco Bilbao, en Evangelio americano (1864) resumió tal “mirada”, al afirmar que “La España, el español, abdicó de su pensamiento, su soberanía primitiva en manos de la Iglesia y Monarquía”, y así entregado, generó “una historia terrible y decadente”, que nada ha aportado al avance de la civilización, y que se refleja incluso en su cráneo, que muestra más “la fortaleza de la tenacidad que la habitación de la inteligencia”; por ello era labor de las nuevas repúblicas “desespañolizarse”, transitar de Hispanoamérica a Latinoamérica, término que inventó durante su estancia en París (1856). Era una opinión común, que resumía las ideas de los autores europeos más reputados en su época, como Eduard Quinet, F.R. Lamennais o William Robertson, quienes recogieron en sus obras la hispanofobia ya existente.

Esta “mirada” influyó en los relatos de nación decimonónicos, y fue parte básica de los relatos de Reino Unido y Estados Unidos, que tuvieron a México y a España como contrincantes privilegiados, por ser las dos partes principales de la resquebrajada nación formada por “los españoles de ambos hemisferios”, y puntos de choque entre ambos mundos. La implosión del Imperio hispánico permitió al anglosajón adueñarse del siglo XIX, que explicaron su éxito echando mano de las ideologías “de moda”, y en especial, el nacionalismo, el racismo y el evangélico Segundo Gran Despertar. La postergación del mundo hispánico será interpretada no como algo coyuntural, sino como resultado inevitable (y justo) del ethos español, derivado de sus pecados contra la raza y Dios. El mundo hispánico sería inferior por mestizo y católico. Características como fanatismo (el protestantismo genera fe, el catolicismo fanatismo), corrupción (la corrupción racial tiene reflejo en la moral) y violencia (como un mundo “bárbaro”) entre otros, derivarían de su ethos. En definitiva, sus relatos de nación señalaron un ethos hispano nefasto, y un ethos propio positivo.

Esta “mirada” tuvo –y tiene- múltiples efectos, y no es menor el que faculta atribuir al mundo hispánico una ética propia, que permite no solo tratarlo de modo diferente al resto de Occidente, sino dudar de que las soluciones occidentales sean aptas para este “exótico” mundo. Buen ejemplo es la guerra entre Estados Unidos y México (1846-1848), como explica John C. Pinheiro en Missionaries of Republicanism (2014) la guerra se justificó por ser México racial y religiosamente inferior, y sirvió para cohesionar Estados Unidos asumiéndose como el reverso de México.

Tal “mirada” no solo es popular, es también frecuente en ámbitos académico; baste señalar que Civilisations está coproducida por las televisiones públicas británica (BBC) y estadounidense (PBS), y que actualiza la serie Civilization (1960) que convertía a los hispanos de ambos lados del Atlántico, en palabras de Arturo Uslar Prieti, en Los expulsados de la Civlización (1973), pues dejaba fuera de la formación de Occidente al mundo hispánico. Pero la mejor muestra es la última serie que la BBC dedicó a nuestra historia: Blood and Gold: The Making of Spain (2015)

El historiador Simon Sebag Montefiore firmó un relato de nación española donde el “pecado original” sería la destrucción de Al-Ándalus, y la “tara” la creación de un Estado corrupto y una nación cincelada por el fanatismo y el racismo, pastoreada por la monarquía y el catolicismo (Inquisición) españoles; deriva que solo fue –brevemente- rota por la República. El franquismo devolvió a España a su senda tradicional, de la que “milagrosamente” la sacó Juan Carlos I.

Los tres capítulos de la serie tienen como fin, no relatar la historia de España, sino apuntalar tal relato de nación. No extraña, por tanto, que dedique el triple de tiempo a la autopsia de Carlos II que a todos los reyes del siglo XVIII, porque la autopsia muestra la corrupción española, y los segundos podrían vislumbrar un Estado que alumbró la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, o que los errores –se afirma que en 1931 se exilió Alfonso XII- y dislates –al parecer no hubo fuentes públicas en los barrios obreros hasta la II República-, se alternen con frases como la que resume la Reconquista: “sus elegantes mezquitas fueron sustituidas por ostentosas y recargadas iglesias llenas de Cristos ensangrentados”.

La serie transmite dos ideas básicas; la primera que Inglaterra siempre ha estado del lado correcto de la historia, por eso el documental convierte a Felipe II y Franco en los personajes más importantes de nuestra historia, y hace de la Invencible y la entrevista de Hendaya, los momentos clave de sus mandatos; Sebag Montefiore presenta al segundo como una especie de reencarnación del primero, lo que sumado a la aparición estelar del historiador José Álvarez Junco afirmando que la destrucción de la América española hizo que los españoles dejaran de considerarse “una raza superior”, hermana a Felipe II con Hitler, y a Isabel I con Churchill. La segunda, que España no es una democracia plena porque el ethos español sigue vivo; el tétrico recorrido por el Valle de los Caídos, previa a la imagen del presentador acariciando un busto de Franco en un mercadillo de Madrid, transmite la idea de una democracia vigilada. Nada extraño. En su libro Titan of History (2012) no solo afirma que Franco es como Hitler y Stalin, sino que “aún no ha sido completamente exorcizado de la política española”.

Todo ello aderezado por el anticatolicismo. Al tratar la administración de Felipe II, Sebag Montefiore posa consultando legajos del archivo de Tordesillas. Entre los millones de legajos, se topa con el de un novicio depravado, expediente que merece tanto metraje como los sucesos entre Isabel II y Alfonso XIII.

Es probable que Sebag Montefiore no odie a España. Y es que, esta forma de “mirar” lo hispano, no necesariamente implica no amarlo. El romanticismo británico enalteció al pueblo que derrotó a Napoleón, y la “intelectualidad progresista” gringa se volcó con el México ahormado por la Revolución; pero ambos, imaginarán primero y buscarán después, países exóticos en los que sobraban las catedrales góticas y los palacios virreinales, pues el ethos que perseguían era no occidental, ya fuera moruno o azteca. En definitiva, esta “mirada” a los Spaniards nos quiere habitantes del Francoland que dibujó Antonio Muñoz Molina (EP 13/10/2017) y a los hispanoamericanos, en los límites del Buen salvaje al buen revolucionario (1973) como trazó Carlos Rangel. La posibilidad de que hispanofobia e hispanofilia vayan de la mano, es una de las escasas diferencias que separan la hispanofobia de la judeofobia. Sebag Motefiore es experto en la segunda, y padece la primera, que adopta la forma de hispanofilia nefasta. La misma que practican muchos a ambos lados del Atlántico, de esos que allá aplauden la revolución y aquí esperan la guerra civil.

Si las cadenas públicas de Reino Unido y Estados Unidos padecen esta “mirada”, no extraña que predomine en el mundo anglosajón. Y que llegue a extremos grotescos. Buen ejemplo es que tecleando Spanish Inquisition en You Tube, el primer video que aparece es What Made the Spanish Inquisition So Horrible?, firmado por The Infographics Show, una compañía californiana con 6.2 millones de suscriptores. En este video, el Dáesh aparece como derivación de la Inquisición. Quizás Obama acababa de visionarlo cuando en su discurso de El Cairo (2009) hizo lo mismo, idea que reiteró, por ejemplo, en el 63 National Prayer Breakfast (2015). Probablemente, la misma que al editorialista del Times que el pasado 1 de febrero pontificó sobre el juicio a Junqueras y compañía, titulando: The Times view on the trial of the Catalan 12: Spanish Inquisition.

continuará…

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