Entrevista a Daniel Lacalle en El Comercio

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El Club de los Viernes

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El Club de los Viernes - Movimiento por la defensa de las libertades civiles, el derecho de propiedad y el Estado limitado.

«El carbón sostiene un sector completamente injustificado»

  • Daniel Lacalle, economista, gestor de fondos y asesor. «La corrupción es un problema de personas, no de instituciones o partidos. La generalización es una táctica para destruir el sistema democrático»

Daniel Lacalle (Madrid, 1967) es, además de economista, gestor de fondos y asesor, el autor de éxitos de divulgación económica como ‘Nosotros, los mercados’ o ‘Viaje a la libertad económica’. Liberal convencido, da su visión de una actualidad en la que muchos se felicitan por la salida de la recesión económica, pero miran temerosos a Grecia.

Viene a Asturias mes y medio después de las elecciones y aún no hay presidente. Las negociaciones ganan en complejidad con un Parlamento cada vez más fragmentado. ¿Acarreará repercusiones económicas?

El mayor riesgo que pueden generar estas situaciones son los pactos de gasto. El problema de las coaliciones de políticos diferentes es que, desafortunadamente, se suelen poner de acuerdo en aumentar el gasto. También es habitual que la inestabilidad llegue a mitad de legislatura o antes, cuando se comiencen a dejar notar las diferentes sensibilidades.

Estos comicios fueron la antesala de los de la nación, ¿cuál es su previsión?

Van a ser complicados. Se juntan muchos factores externos e internos. Por la parte externa, Grecia será determinante a la hora de mover al electorado que se quedó en casa en las elecciones europeas y municipales, en un intento por evitar que se dé una situación similar en España, con partidos como Podemos. En el plano interno, la recuperación de la economía empieza a ser evidente para las clases medias, pero serán unas elecciones complicadas. Se sacarán de nuevo a la luz todos los problemas de corrupción. No creo que vaya haber una mayoría clara para ninguna fuerza política.

Habla de Grecia, ¿por qué el ‘no’ en el referéndum es tan malo?

No es una cuestión de que sea malo o bueno. Lo que ha sido es una decisión demasiado arriesgada de forzar la máquina con un órdago sin cartas. Syriza ha convertido un problema de negociación de condiciones financieras en un problema de colapso institucional. El referéndum no es la causa, sino un síntoma de una forma de gobernar imprudente e irresponsable. Antes de las elecciones, Syriza prometió el crecimiento de la economía y que alcanzaría un acuerdo beneficioso y rápido con la UE, pero ha llevado al país a la recesión y al corralito. Ahora, tendrá que aceptar un acuerdo más agresivo que el que se le ofreció hace dos semanas.

De momento, se ha ampliado el plazo del corralito. ¿Duda de que sea reversible?

Es muy difícil que se revierta a corto plazo, porque ya se ha instaurado en la población la desconfianza a las instituciones. El primer día que abran los bancos, los que hayan votado ‘sí’, los que hayan votado ‘no’ y los que se hayan quedado en casa irán a sacar todo su dinero. Un corralito siempre es la antesala de algo peor. Probablemente se vaya hacia una quita de los depósitos de los ciudadanos.

¿Y Grecia es la única culpable?

Culpables hay muchos, pero el primero e incuestionable es una sociedad y un gobierno que mucho antes de su entrada en la Unión Europea ya acudían a déficits grandísimos para mantener un gasto público absolutamente desproporcionado. Siempre se le ha dado el beneficio de la duda -y ha sido un error-, pensando que con reformas cosméticas se iba a lograr un cambio estructural, y lo que se ha hecho ha sido agrandar el agujero. Grecia ha estado durante décadas con desequilibrios fiscales como los de España durante el pico de la crisis en 2011. Y si no asumimos que el problema es estructural, en dos años volveremos a tener que hablar de lo mismo.

«Un Estado que pesa demasiado»

Muchos creen que las medidas de austeridad que se les han impuesto son inasumibles.

Hablar de austeridad en Grecia es una broma. El gasto público nunca ha bajado del 46% del PIB. Hablamos de reducir el despilfarro, no de austeridad. El problema es la falta de honestidad intelectual de un Estado que pesa demasiado (más del 50% del PIB) en una economía ultracíclica. Tiene algunos de los impuestos al trabajo más altos de la OCDE y grandes problemas de competitividad y de facilidades para crear empresas.

¿Existe el riesgo de que se traslade esa situación a España?

El riesgo es moderado. España no es Grecia en muchos sentidos. Tiene grandes multinacionales y un sector exterior muy importante. Pero sí existe el riesgo de que se instauren en España formaciones políticas que prometan soluciones mágicas que solo empeoran la situación de las familias y las pymes.

Usted defiende que el liberalismo es más social que el asistencialismo.

Porque lo que permite el liberalismo es que el verdadero Estado de bienestar sea sostenible. El asistencialismo siempre termina quebrando un Estado del bienestar mal planteado, que se mira solo desde el entorno del gasto, y destruye lo que intenta proteger. Ocurrió en Grecia y en algunos países latinoamericanos en este mismo siglo.

Pero la gasolina de los nuevos partidos es la lucha contra la corrupción…

Porque se utiliza políticamente. La corrupción es un problema de las personas, no de instituciones o partidos. La generalización es una táctica para destruir el sistema democrático español, para dar la impresión de que nada tiene solución y por eso hay que acabar con todo. En España se están viviendo ahora los últimos casos derivados de la burbuja inmobiliaria. Hay que atajarla con una justicia rápida y eficaz y no con partidos, como Podemos, que justifican su corrupción con la de los otros.

Es un gran defensor del ‘fracking’. ¿Qué piensa de que la UE exija la devolución de las ayudas a las explotaciones mineras del carbón que quieran permanecer abiertas más allá de 2018 sin ser rentables?

El carbón sostiene un sector completamente injustificado, cuando estamos buscando una economía menos dependiente de actividades contaminantes. No es solo un problema de modelo energético, también de viabilidad económica. No ha conseguido salir del bucle de las subvenciones desde hace décadas. Hay que orientar a los trabajadores a otros sectores económicos de mayor rentabilidad, potenciar la coordinación de gas y renovables -que pueden generar más puestos de trabajo e inversión sin necesidad de subvenciones- y sustituir en las cuencas un sector no viable por otros de mayor valor añadido.

Reservas estratégicas

¿Ni siquiera se plantea conservar algunas explotaciones como reserva estratégica, por ser la única fuente de energía propia?

También hace tiempo lo era el aceite de ballena. Tenemos que entender que el carbón está desapareciendo del nicho energético global. Va a desaparecer, pero hay fuentes alternativas, como el gas o el sector de las renovables que empieza a ser sostenible sin subvenciones. No podemos agarrarnos al concepto de reserva estratégica. No lo es. Si lo fuera, sería una fuente energética barata y sostenible.

Enlace al artículo en El Comercio

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