Intolerancia con el intolerante - El Club de los Viernes

Intolerancia con el intolerante

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Vicente Moreno Casas

Vicente Moreno Casas

Egabrense de 19 años. Estudiante de economía. Apasionado por la economía, política y finanzas. Escribo en mi blog de opinión personal y en algunos medios digitales. También trabajo como financiero en una startup sevillana.
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Está de moda la teoría de Karl Popper. En concreto, su paradoja de la intolerancia. Que, para aquellos que la desconozcan, viene a decir que una sociedad no puede ser tolerante con aquellos que representan postulados intolerantes, puesto que, estos últimos, tenderán a acabar con la tolerancia existente en la sociedad. En concreto, ha sido muy citada a raíz de la irrupción de VOX en la vida parlamentaria. Fuera de casos y circunstancias concretas, ¿llevaba razón Popper?

Desde mi opinión: sí. Karl Popper acertaba al afirmar que no hay que ser tolerante con el intolerante. Nadie puede, por la vía coactiva, acabar con las libertades y derechos negativos de ninguna persona. Es un principio básico de justicia y de convivencia. Es por eso que no puede permitirse que partidos o movimientos sociales, con principios y fines totalitarios, puedan imponer sus ideas por vías democráticas o legislativas.

No solo ha ocurrido con VOX. En el resto del mundo, con el surgimiento de estos nuevos líderes y movimientos de derecha y extrema derecha, la izquierda llama a la movilización y reacción para frenar a los “intolerantes”. Pero, ¿intolerancia con qué? En este caso, con el recorte o ataque a las libertades sociales, personales y morales.

Dejando a un lado las calificaciones o argumentos que tienen ciertos colectivos para afirmar que VOX es un partido intolerante, pues ya he dicho al principio del artículo que no quiero centrarme en un caso concreto; me gustaría aplicar la teoría política de la derecha y la izquierda al resto del escrito.

Según la ciencia política, podemos afirmar que la derecha será una ideología favorable a las libertades económicas, pero más reacia a las sociales o personales, y que, la izquierda, abogará por la defensa de las libertades personales, y se posicionará en contra de la libertad económica de los individuos. Como podemos comprobar, ambas ideologías tienen un enemigo común: la libertad individual. Ya sea la derecha con la personal, o la izquierda con la económica, las dos, son intolerantes. La derecha no tolera libertades o derechos individuales como la gestación subrogada, la prostitución o el consumo de drogas. Pero, la izquierda no respeta los derechos de propiedad; prefieren desde un Estado totalitario que controle los recursos económicos y los medios de producción, hasta un Estado socialdemócrata del bienestar que regule parte de la actividad económica y nos obligue a pagar impuestos confiscatorios a cambio de unas pésimas prestaciones, de forma casi fraudulenta.

La izquierda, en todo el mundo, enarbola la bandera del respeto y de la tolerancia porque lo que ellos defienden, las libertades personales, son derechos a los que la gente es más sensible. Es más complicado que haya protestas por subidas impositivas, mala gestión económica o aumentos de deuda pública (que no es otra cosa que un aumento de los impuestos futuros) que, por cambios en leyes relacionados con el tema de la mujer, por ejemplo. Sin embargo, en las dos situaciones, la izquierda y la derecha van en contra de la libertad individual, y, por tanto, mantienen unos ideales totalitarios, que, desde luego, no tendrían que ser tolerados por los que lo sufrimos: los ciudadanos.

Esta doble reacción social tiene dos motivos. El primero, el control y predominio que ha tenido siempre la izquierda con respecto a la propaganda de sus ideas. En este caso, hablamos de los medios de comunicación, en su mayoría progresistas, que con sus programas y telediarios se encargan de alzar en valor determinadas noticias o situaciones, relegando otros aspectos a segundo plano. Es evidente como es más común oír hablar en televisión de feminismo o memoria histórica que de los graves problemas económicos que ahora mismo tenemos con el sistema de pensiones, o de las subidas de impuestos que está realizando el actual gobierno. Esto, a la larga, hace que los ciudadanos categoricen ciertos aspectos como más o menos importantes; en este caso, la libertad personal en detrimento de la económica.

El segundo punto, también promovido desde la izquierda, es no considerar la libertad económica como una libertad personal. No entienden que libertad personal, es también la opción de elegir libremente lo que hacer con el fruto de nuestro trabajo y nuestra propiedad. Prefieren la igualdad que la libertad en este sentido. Y no se dan cuenta, de que la libertad económica es un elemento fundamental para la completa libertad individual y personal. Es más, se ha podido comprobar como la apertura a un sistema económico más liberal o capitalista, ha hecho que dictaduras se hayan convertido en democracias o en regímenes menos fuertes. Véase el caso de Chile, de China o, incluso, de España. Les animo a encontrar un solo país donde no haya libertad económica y sí personal.

Por todo esto, la izquierda no puede arrogarse la potestad de la defensa de la tolerancia y los valores; porque, son ellos mismos quienes promueven políticas liberticidas, al igual que la derecha.

Pero entonces, ¿hay otra opción? Sí. Se llama liberalismo, y comparte raíz con el término libertad. Ser liberal es respectar el proyecto vital del otro: su libertad económica y su libertad personal. Ser verdaderamente tolerante, es ser liberal. Lo demás, es pura intolerancia.

Vicente Moreno Casas

 

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