No son los yankis, es el Islam

No son los yankis, es el Islam
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Ignacio Blanco

Ignacio Blanco

Licenciado en Ciencias Económicas, Licenciado en Derecho, Postgrado en Finanzas por la Universidad de Wisconsin. Trabajó en Morgan Stanley, como director de empresas participadas de importante family office. Autor de publicaciones relacionadas con el mundo financiero. Actualmente es socio fundador y mayoritario de despacho de abogados con sedes en Asturias y Valladolid cuya especialidad son las reestructuraciones empresariales.
Ignacio Blanco

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Existe una corriente dentro del mundo occidental que trata de justificar los efectos de la violencia de los islamistas, como reacción a la opresión, o a los supuestos abusos de occidente. Entiendo que se refiera a la opresión fuera de sus fronteras, pues en occidente gozamos de las mayores cotas de libertad y estado de bienestar de todo el planeta, al tiempo que somos con diferencia los más generosos en políticas de integración y tolerancia.

Esta justificación repugna cualquier análisis crítico, pues resulta que si como traslada la izquierda, los atentados islamistas son respuesta a la colonización de los EEUU, esta violencia sólo se origina desde musulmanes, y así no se conocen este tipo de reacciones en Suramérica o Asia, zonas con gran influencia norteamericana, que en ocasiones ha llegado al enfrentamiento militar con el Yanki. Tampoco conocemos estas reacciones de jóvenes no vinculados al Islam y con la supuesta misma problemática que los asesinos islamistas, esto es, jóvenes que por propia decisión, pese a las ayudas de nuestros estados de bienestar, han fracasado socialmente y buscan como vía de escape la violencia islamista, como forma de adquirir notoriedad y resarcirse de errores pasados que les impiden prosperar en occidente. Por otro lado, es frecuente que algunos de estos terroristas provengan de familias acomodadas, por lo que la justificación social pierde sentido.

Debemos comprender que el Islam, que significa sumisión, es proactivo, no reactivo, no se reclama Al Andalus como reacción a nada de lo que hace hoy occidente, no se atenta en Nigeria, Mali, Pakistán o Afganistán como respuesta a ninguna acción occidental, no se ahorcan homosexuales Irán, se lapida a mujeres por adúlteras en Pakistán aunque hayan sido violadas, se decapita por apostasía, o se cortan manos por robo como reacción a occidente. No se amenaza a Alemania, que no participa en los ataque a Siria, o se ametralla una sala de Rock en París, como reacción a occidente, sino simplemente porque para algunos musulmanes todo ello responde a un mandato divino.

Nos hacemos un flaco favor desde occidente si no comprendemos que hay una parte del Islam que defiende la violencia como vía para imponer su religión y estructura social. Los mismos versículos que los violentos recitan para justificarse, son los mismos que leen el resto de musulmanes pacíficos, aunque ciertamente complacientes con los violentos, que se encuentran en una situación muy compleja entre la modernidad de occidente y el respeto al Coran y los Hadices, redactados en el siglo VII como normas de estructura tribal, cuya interpretación literal justifica con toda claridad la violencia, no en vano, los propios asesinos se justifican en ello, por lo que deberíamos darle valor a lo evidente.

A diferencia de las reformas cristianas, que han permitido superar las atrocidades de la inquisición, como la quema de brujas o herejes, facilitando la vía para el progreso social que ha experimentado occidente, el Islam no ha experimentado reforma alguna en más de 1.400 años y sigue proponiendo la decapitación para apóstatas y herejes.

Los cristianos de otra época, acudían a ver las ejecuciones en la plaza del pueblo, hoy son muchos hombres, en Arabia Saudita, los que acuden a las plazas, después de las plegarias de los viernes, a presenciar la amputación de las manos de los ladrones, las lapidaciones de mujeres adúlteras y las decapitaciones de asesinos, apóstatas y otros criminales convictos. Y no veo en esto respuesta alguna a la presión de occidente, veo más bien la aplicación de leyes atroces e injustas que tienen su base en una religión necesaria de reforma que expresamente contempla estos castigos previstos para el Siglo VII y que a día de hoy siguen aplicándose.

Como apunta Hirsi Ali, en su libro Reformemos el Islam, la solución a los radicales islamistas, tiene que venir de dentro del Islam, porque también hay reformistas musulmanes, a los que se hace un daño terrible desde occidente cuando se justifican como reactivas las acciones terroristas de los radicales. Debe darse voz y defender en occidente a estos reformistas que corren el riesgo de ser decapitados por apostasía.

Como sucedió con el Cristianismo, la reforma llegó desde dentro, y como sucedió en los países comunistas, los reformistas necesitaron el apoyo de occidente, imprescindible para que desde dentro se haya podido acabar con el totalitarismo comunista. Si desde occidente hubiéramos lanzado mensajes de justificación del comunismo como política de la paz, igual que hoy se lanza al mensaje de que el Islam es la religión de la paz, seguiríamos teniendo millones de personas bajo el totalitarismo de izquierdas en Europa.

Los textos que guían a los islamistas justifican el martirio, el suicidio matando, para alcanzar el cielo en el que desposarán a 72 vírgenes de ojos negros y se convertirán en abogado celestial de 70 miembros de su familia, pero a diferencia del martirio Cristiano, en que los mártires eran víctimas desarmadas, esto es, asesinados, los mártires musulmanes son los asesinos. Una tradición que se retomó no hace mucho, en concreto en 1980 cuando un niño palestino de 13 años, se vendó su pequeño pecho con explosivos y se inmoló bajo un tanque Iraquí matando a otros musulmanes. No veo aquí tampoco ninguna respuesta contra Occidente.

Existe la esperanza de una reforma del Islam, sucedió con el Cristianismo, lo hemos visto con las primaveras árabes. Muchos musulmanes rechazan las prácticas brutales de la Sharía, hay reformistas dentro del Islam, historiadores que han demostrado la intervención humana y en momentos temporales muy distintos en la redacción del Corán y los Hadices, muchos que consideran que estos documentos son interpretables, pero para ello, además de defendernos militarmente de los violentos, debemos dejar de justificar en actos de Occidente la reacción de los asesinos, porque además de injustificada, con esta actitud debilitamos a los reformistas frente a los violentos y anulamos a los que pueden cambiarlo desde dentro.

Artículo Publicado en El Comercio el 26/11/2015

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