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Pasado, presente y futuro del Tea Party Movement

Pasado, presente y futuro del Tea Party Movement
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Diego de la Llave García

Diego de la Llave García

Estudiante. Liberal Clásico, Hayekiano y apasionado de la Historia.

Seguramente hace unos años oyeron ustedes hablar del Tea Party. Norteamericanos de derechas que se reunían para protestar contra las políticas expansivas de Barack Hussein Obama y se quejaban de como este se había vendido alegremente a los postulados y consignas de los ideólogos de género. Para combatir todo esto, intentaban ensalzar las ideas de muchos de los Padres Fundadores (Gobierno Limitado, República Constitucional, presupuestos equilibrados y economía de mercado basada en el ahorro). Ideas muy loables –al menos para mí- pero no tanto para el establishment del Capitalismo de Amiguetes que veía en peligro su poder si estas ideas se extendían. Por ende, pusieron a funcionar toda la máquina de los grandes medios de masas que controlan –salvo honrosas excepciones-, empezando a calificar, sin veracidad alguna, al Tea Party de movimiento de extrema derecha, populista, xenófobo, machista etc. Verborrearon todas las sandeces tan monótonas típicas de estos casos.

Es curioso que en plena Gran Recesión, haya un porcentaje grande de norteamericanos que pidan impuestos más bajos, reducción del gasto público, presupuestos equilibrados, desregulación empresarial, etc. No obstante, el triunfo, al menos en 2008 y 2012, era muy complicado ¿Por qué? Porque había mucha gente que, debido a la maquinaria propagandística de los medios del mainstream, se creía que la culpa de la Gran Recesión fue por la supuesta desregulación financiera del gobierno de Bush Jr, cuando se debía realmente a las políticas expansivas de la Fed. Esto hizo que un hombre inteligente y con gran carisma como Barack Obama ganase frente a un candidato deleznable como era el recientemente fallecido John McCain. A esto, súmenle el plus de que Obama se podía convertir en el primer presidente afroamericano de la Historia del país allende del Atlántico. Algunos para votar se siguen dejando llevar por el color de piel, todo sea dicho…

Lo que sí que pudieron hacer los del Tea Party fue influir en la elección de políticos republicanos afines a sus ideas. Me gustaría resaltar a los senadores Mike Lee, Rand Paul y Ted Cruz, y al gobernador de Indiana Mike Pence. Y estos son sólo unos pocos. De esta manera, muchos halcones neoconservadores fatigosos fueron sustituidos y expulsados de su posición cómoda en el establishment washingtoniano.

Las grandes propuestas que, en un principio, pusieron sobre la mesa los seguidores del Tea Party fueron las diez siguientes:

  1. Identificar la constitucionalidad de toda ley nueva: exigir que para cada proyecto de ley se determine la disposición específica en la Constitución de los EE.U.U. que le da al Congreso la facultad de elaborar y aprobar el proyecto de ley.
  2. Rechazar el comercio de emisiones: detener el enfoque administrativo “cap and trade” utilizado para controlar las emisiones de dióxido de carbono a través de incentivos económicos para lograr reducciones en las emisiones de dióxido de carbono.
  3. La demanda de un presupuesto federal equilibrado: comenzar el proceso de enmienda constitucional que exige un presupuesto equilibrado con una mayoría de dos tercios necesaria para cualquier modificación de impuestos.
  4. Simplificar el sistema tributario: adoptar un sistema de un solo tipo impositivo simple y justo, erradicando el Código de Rentas Internas y su sustitución por otro que no sea superior a 4.543 palabras – la longitud de la Constitución original.
  5. Auditoría de los organismos gobierno federal por constitucionalidad: crear un grupo de trabajo de Cinta Azul que realice una auditoría de las agencias y programas federales, la evaluación de su constitucionalidad, y la identificación de la duplicación, despilfarro, ineficacia, y los organismos y programas que sea mejor dejar en manos de los estados o las autoridades locales.
  6. Limitar el crecimiento anual en el gasto federal: imponer un límite legal que limita el crecimiento anual del gasto federal total a la suma de la tasa de inflación más el porcentaje de crecimiento de la población.
  7. Derogación de la legislación sanitaria aprobada el 23 de marzo de 2010: trabajar por la derogación de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible.
  8. Aprobar una política energética en línea con los puntos anteriores: autorizar la exploración de reservas de energía adicionales para reducir la dependencia estadounidense en fuentes extranjeras de energía y reducir los obstáculos reglamentarios a todas las demás formas de la creación de energía.
  9. Reducir la demarcación: colocar una moratoria sobre todas las asignaciones hasta que el presupuesto esté equilibrado y, a continuación requerir una mayoría de 2/3 para aprobar cualquier presupuesto.
  10. Reducir los impuestos: la derogación permanente de todos los recientes aumentos de los impuestos, y extender las actuales reducciones temporales en el impuesto sobre la renta, impuesto sobre el capital e impuesto sobre la herencia.

Todos estos puntos son muy interesantes y atrevidos. Se han realizado algunos con la Administración Trump pero no dejan de ser una reiteración del Contrato con América (1994) de mi admirado Newt Gingrich.

El Tea Party se dividió en dos facciones dependiendo de la visión que tenían del papel que debía tener Estados Unidos en el Teatro de las Naciones. La Paleolibertaria liderada por el excongresista por Texas Ron Paul, que proponía una visión aislacionista recuperando la política exterior anterior a la Primera Guerra Mundial; y la Neolibertaria, liderada por la exgobernadora por Alaska Sarah Pallin, que, aunque rechazaba la entrada en conflictos innecesarios como el de Irak, no quería que Estados Unidos dejara de tener un papel importante en el reparto de poderes mundiales.

La organización del Tea Party está muy descentralizada, siguiendo con la tradición conservadora norteamericana. Por eso, a lo mejor el Tea Party de Virginia no apoya al mismo candidato que el Tea Party de Arizona, por poner un ejemplo. Esto se visualizó bien en las primarias republicanas del 2016 cuando el apoyo del Tea Party se dividió entre los que apoyaban a Ted Cruz porque apostaban por el librecambismo en cualquier situación, y los que apoyaban a Trump porque creen que se debe poner aranceles a los países que ponen obstáculos a los productos norteamericanos para poder así renegociar un tratado bilateral más libre. Ambos coinciden en la crítica al globalismo, que no es lo mismo que la globalización. Como ustedes saben, ganó Trump, uniéndose así todo el Tea Party bajo un mismo candidato republicano.

Durante la administración Trump, se han cumplido algunas de las propuestas del movimiento: ha habido una drástica reducción de impuestos, una gran desregulación, se ha combatido al globalismo y a la ideología de género y el presidente se ha abstenido de participar en cualquier conflicto, más bien todo lo contrario. Sin embargo, aún queda como tarea pendiente la reducción de la deuda pública y el déficit fiscal. Aunque, como buena nueva, Donald Trump ha anunciado que reducirá el gasto un 5% en todos los departamentos del gobierno federal. Todo dependerá de cómo se compondrá el próximo congreso. Lo que sí que está claro es que jugarán un papel importante captando voto republicano en las elecciones midterm de Noviembre.

El futuro del Tea Party será importante, influyendo como Act Tank en muchos mandatarios del GOP. Algo parecido huelga en España pero, siendo realistas, la idiosincrasia española es muy distinta de la norteamericana en estos ámbitos. No obstante, algunos intentamos ayudar, poco a poco, escribiendo artículos como este.

 

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