Si yo fuera británica

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Eva Nordenstedt
Licenciada en Derecho, especializada en Derecho de la UE y comercio exterior, MBA, emprendedora. Escritora vocacional en www.cuentosdemediamentira.wordpress.com
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Si yo fuera británica, habría votado a favor del Brexit. Voy a explicarme:

Si yo fuera británica.

Que no lo soy.

Los británicos viven en esa isla que está separada de Europa por lo que nosotros llamamos el Canal de la Mancha y que para ellos, por supuesto, es el English Channel. Quizá es esa distancia (poco más de treinta kilómetros, en realidad) lo que ha logrado que Gran Bretaña haya vivido “aislada” de las corrientes socialistas continentales.

Sí, el Reino Unido fue uno de los tres países que primero solicitaron la incorporación a la Comunidad Económica Europea, aunque no fue socio fundador. ¿Cómo no iba a querer un país de tradición liberal un acuerdo de libre comercio? Porque la CEE iba de eso: de crear un mercado común para la circulación de personas, capitales, bienes y servicios. ¿Una idea novedosa? En absoluto. Hasta la Primera Guerra Mundial no se requería pasaporte para viajar por Europa. En lo comercial, Reino Unido llevaba desde 1786 intentando abrir fronteras. Mientras los Estados continentales se aferraban a políticas proteccionistas, Reino Unido reducía aranceles y derogaba regulaciones hasta que en 1860 sólo 50 artículos estaban sometidos a restricciones de importación. Entonces, ¿por qué no se lanzó desde el principio a la creación de la CEE, la CECA y el Euratom?

No soy británica. Tenía trece años cuando España entró a formar parte de las Comunidades Europeas. Aparte del fabuloso pack de bienvenida que vino con ello en forma de financiación y subvenciones, recuerdo que pensé “estaremos mejor gobernados por los alemanes”. El Tratado de Maastricht, que convertiría la Comunidad Europea en lo que hoy es la Unión, no se firmaría hasta 1992, pero incluso una niña de trece años podía darse cuenta de que ahí había ya una cesión de soberanía. Por eso el Reino Unido no firmó Schengen. Por eso se quedó la libra.

El Reino Unido tenía muy claro que el libre comercio conllevaba el precio de ser gobernado por países de corte socialista. La unión aduanera parece una consecuencia lógica del libre comercio dentro de los países miembros. ¿Cómo si no controlar las entradas de mercancías de terceros y sus efectos desestabilizadores en la balanza comercial? Y si estamos en un mercado común, ¿no debemos tener leyes que eviten la competencia desleal? Pero competencia desleal es un término extraordinariamente flexible, es como una goma que se puede tensionar para incluir condiciones fiscales, regulación de productos y servicios, transporte, comunicaciones, investigación, educación, política social, inmigración, medioambiente y virtualmente cualquier área de actividad que tenga una mínima repercusión económica, aunque sea potencial. Si quiero talar un árbol en mi propio jardín debo atenerme a la regulación que establece al respecto la directiva europea correspondiente. Bruselas decide qué se hace en mi jardín.

Pero hay vida fuera de la Unión Europea. Suiza y Noruega parecen bastante a gusto sin nosotros. El Reino Unido exporta más al resto del mundo de lo que vende en operaciones intracomunitarias, especialmente a los Estados Unidos. Su balanza comercial es, de hecho, ligeramente deficitaria en cuanto al comercio europeo y sobradamente excedentaria respecto de los Estados Unidos: su salida de la UE se ha considerado en general por el púbico, por este motivo, una medida proteccionista. Ahora bien, Estados Unidos ha mostrado su interés en iniciar negociaciones arancelarias con el Reino Unido tan pronto como se quite de encima a la Unión Europea. Naturalmente, Estados Unidos no regala su mercado (ya lo ha demostrado con China) y el número de intercambios aumentarán considerablemente en los dos sentidos. Pero es que la posibilidad de comprar es tan interesante como la de vender, y la competitividad nacional se beneficia de ambas alternativas. Es así como se produjo la revolución industrial en Gran Bretaña, aceptando el reto de la apertura. El Brexit podría ser, en realidad, la mayor apertura al mundo que el Reino Unido puede acometer.

El Reino Unido se ha dado cuenta de que paga un precio muy alto por el libre comercio. No sólo en forma de financiación sino, sobre todo, en forma de centralización supragubernamental y cesión de soberanía. Sabe que hay otras maneras de conseguirlo. Es capaz de abrir fronteras unilateralmente, ya lo hizo en el pasado. Es capaz de alcanzar acuerdos bilaterales de tú a tú con países de la Unión Europea y del resto del mundo, sin cortapisas exteriores ni intermediarios, Estados Unidos ya le está esperando. Sabe que la UE lo ralentiza, está harto de funcionar de locomotora y encima dar las gracias. Está harto de cargar el equipaje de la Europa socialdemócrata.

No soy británica.

Ojalá lo fuera.

Fuentes:

Historia de los aranceles: Grupo Alegsa

Balanza comercial del Reino Unido: Office for National Statistics

Posible acuerdo Reino Unido-Estados Unidos de América: Diario Expansión, 4 de junio de 2019

2 Comentarios

  1. Avatar
    manuel 2 semanas hace

    muy liberal pero los comentarios aqui tienen q pasar la censura???

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