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Clasismo inverso

Clasismo inverso
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Javier Jové

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JAVIER JOVÉ SANDOVAL (Valladolid, 1971) Licenciado en Derecho, Máster en Asesoría Jurídica de Empresas por el Instituto de Empresa y PDG por la Universidad Oberta de Cataluña, desde el año 2.000 desarrolla su carrera profesional en el sector socio sanitario. Es Socio Fundador del Club de los Viernes y miembro de la Junta Directiva del Círculo de Empresarios, Directivos y Profesionales de Asturias. Actualmente escribe en El Comercio y colabora habitualmente en Onda Cero Asturias y Gestiona Radio Asturias.
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[PUBLICADO EN EL ESPAÑOL EL 28 DE AGOSTO DE 2018]

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El clasismo es un sentimiento de superioridad respecto de las personas que se sitúan en estratos sociales inferiores. Es un sentimiento propio de sociedades aristocráticas. Solemos verlo en películas y series de televisión ambientadas en la sociedad victoriana de mediados del siglo XIX y principios del XX, como la deliciosa Dawnton Abbey. Hoy en día, pese a la existencia de ciertos núcleos elitistas y endogámicos, podemos afirmar que dichos prejuicios sociales han sido superados y en España hay una gran movilidad y permeabilidad social.

Mitigado ese clasismo elitista y recluido a espacios muy exclusivos de las grandes capitales españolas, observamos, sin embargo, la aparición de otro tipo de clasismo de nuevo cuño, es el que podemos denominar como “clasismo inverso”. Este es un sentimiento de superioridad que ya no tienen las élites económicas respecto de las personas de estrato humilde, sino que reside en las mentes y en los corazones de los políticos y colectivos de ultra izquierda. En virtud de este “clasismo inverso” se trastocan los esquemas valorativos y en ciertos sectores se alojan sentimientos de superioridad respecto de las clases medias-altas, a los que tildan de pijos, señoritos o casta.

Ello les lleva a despreciar a las personas de éxito, a quienes estudian en un colegio privado, tienen carrera o un máster en una institución prestigiosa. De esta manera, los méritos devienen deméritos pero, sobre todo, los deméritos devienen meritorios. Por este extraño mecanismo psicológico, estar en el paro, ser un ni-ni o un vividor de la asistencia gubernamental, se convierten en algo digno de encomio, en un activo curricular. Por el contrario, tener una carrera exitosa, ganar dinero y vivir emancipado del gobierno, pasan a ser algo indigno, algo inmerecido o –cuando menos– sospechoso ….

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