Cooficialidad: el inicio de un conflicto creciente

Cooficialidad: el inicio de un conflicto creciente
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Diego Barceló Larran

Diego Barceló Larran

Economista, director en Barceló y asociados, exinvestigador senior en IESE Business School (Madrid).
Diego Barceló Larran

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En todas las comunidades autónomas en las que hay una lengua cooficial, ésta es motivo de conflicto. El grado de conflictividad que suscitan las lenguas cooficiales depende de qué tan grande sea el grupo que quiere imponer su utilización. Cuando ese grupo es grande, como en Cataluña, el nivel de conflicto es elevado. Cuando es pequeño, como en Galicia, la conflictividad es menor. ¿Por qué en Asturias sería diferente? ¿Qué razón hay para pensar que la cooficialidad del bable normalizado no generaría aquí ningún problema?

La razón del conflicto es simple: entre quienes apoyan cada lengua cooficial hay una minoría radical que quiere desplazar el idioma español (por eso hablan de “normalizar” el uso de una lengua, cuya utilización solo fue generalizada en un pasado imaginario) e incluso fundar un nuevo país en su respectivo territorio. Por su propia naturaleza, esas minorías nunca se conformarán con menos. Y por eso mismo, en todas esas autonomías, el nivel de conflicto tiende a crecer. Siempre hay nuevas exigencias, que se conceden con la intención de alcanzar una solución “definitiva”. Gran error.

Durante décadas, la política de Occidente hacia el comunismo soviético fue la “contención”. Se pensaba, con ingenuidad, que en algún momento los soviéticos se conformarían y dejarían de avanzar. Eso cambió cuando Ronald Reagan, basado en la superioridad moral y económica de Occidente, dejó de lado la “contención” y enfrentó el expansionismo de la URSS. El cambio de estrategia mostró la debilidad del comunismo soviético, que cayó víctima de sus propias contradicciones.

La historia es clara. Entre los muchos ejemplos, tanto el de la Guerra Fría como el de la evolución del separatismo catalán coinciden en un punto: cada concesión no aplaca, sino que exacerba el peligro que se intenta contener.

La eventual cooficialidad del bable normalizado, entonces, no sería el cierre de una etapa, sino el inicio de un conflicto creciente. La cooficialidad sería la excusa para avanzar en la imposición del bable. “Como es cooficial, lo lógico es que lo utilicen los diputados en la Junta General”. “Como es cooficial, lo lógico es que sea lengua vehicular en la enseñanza”. “Como es cooficial, lo lógico es que lo utilicen en exclusiva al menos un canal de TV, una radio y un periódico”. Esos y cientos de ejemplos más, pasarían a ser el pan de cada día en Asturias.

Yo sé que hay mucha gente de buena voluntad que defiende la cooficialidad porque cree sinceramente que es una forma de preservar nuestro patrimonio cultural. Gente que cree que los peligros de los que alerto son una exageración. Los invito a que reflexionen. ¿Es que somos en Asturias más listos que en todas las demás autonomías que ahora tienen este problema? ¿Alguien tiene un plan concreto para que en Asturias no se repita lo que ocurrió en otras regiones españolas? ¿O creen que no pasaría solo “porque te lo digo yo”? ¿Cómo pueden estar seguros de que, en unos años, por ejemplo, los médicos de la sanidad pública no serán obligados a aprender el bable? ¿Merece la pena correr esos riesgos cuando el bable ya está protegido por ley y no hay limitaciones para utilizarlo, enseñarlo o aprenderlo?

Este asunto capital, aunque menospreciado en el debate público, se zanjará en las próximas elecciones autonómicas. Si los socialistas de todos los partidos suman los escaños suficientes, no le quepa a nadie la menor duda de que impondrán la cooficialidad. Después, será tarde para lamentaciones. Si todos los que cogieron un camino acabaron cayendo por un barranco, creo que lo razonable es coger otro camino. ¿O no?

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