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Cuba, el socialismo y la libertad

Cuba, el socialismo y la libertad
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Diego Barceló Larran

Diego Barceló Larran

Economista, director en Barceló y asociados, exinvestigador senior en IESE Business School (Madrid).
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Cojo el metro y veo sentado a un señor mayor con una camiseta que pone “Viva la revolución- Fight for Freedom” (“lucha por la libertad”). La leyenda está ilustrada con la bandera cubana y la imagen del Che Guevara.

¿Qué es el socialismo? Es la restricción deliberada de la libertad de acción del ser humano. Unas veces, “moderada”, como es el caso de la socialdemocracia. Otras, de forma extrema, como en el comunismo. Pero no nos confundamos: la socialdemocracia y el comunismo, así como todas las formas intermedias de socialismo, tienen una naturaleza común. Solo difieren en el grado en el que restringen la libertad.

Las demasiadas décadas de propaganda que ya acumulamos no podrán variar la realidad: Cuba no es un país que respete la libertad de sus ciudadanos. Eso no es una impresión personal. Por ejemplo, el Índice de Libertad Económica, que elabora la Heritage Foundation, coloca a Cuba como el tercer país más represivo, apenas por delante de Venezuela y Corea del Norte. El Índice de Libertad de Prensa, que publica la Freedom House, sitúa a Cuba en el puesto 193 de 199 países, por lo que es calificada de “no libre”. A una conclusión similar llega el Índice de Libertad digital y en Internet, también de la Freedom House, donde se denuncia, entre muchas otras cosas, que la proveedora estatal de telefonía móvil (Cubacel) filtra de manera sistemática mensajes de texto con palabras tales como “democracia”, “dictadura” y “derechos humanos”.

¿Qué significado tiene, entonces, el “Fight for freedom” de la camiseta del señor del metro? Es una burla macabra hacia quienes perdieron su vida intentado huir de la isla y también hacia los que cada día sufren la represión castrista. Es otra pieza de la misma propaganda cínica que sigue intentando dar una imagen romántica a una tiranía que fue cruel desde su inicio. Fue el mismo Che Guevara quien dijo públicamente, en las Naciones Unidas, en diciembre de 1964, que “tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamiento, sí; hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”.

Probablemente sin darse cuenta, quienes comercian con Cuba, quienes invierten en Cuba e incluso quienes viajan a Cuba, contribuyen, cada uno en su medida, con el mantenimiento de ese régimen liberticida.

Es habitual que quienes nacen es un país libre, como España (aunque la nuestra sea una “libertad socialdemócrata”, con muchísimas limitaciones), den la libertad por descontada. Que se tome la libertad como algo garantizado, seguro, permanente. Tan garantizada y segura que incluso hay quien cree simpático ponerse camisetas con leyendas que promueven la tiranía. Creo que es un error peligroso. La libertad es, en algún sentido, como la salud: hay que preservarla cada día; cualquier desarreglo puede estropearla.

Ojalá estas fueran reflexiones extemporáneas. El principal apoyo de Pedro Sánchez en la moción de censura que lo ungió presidente del gobierno fue Podemos, partido que desea para España las mismas políticas que se aplican en Cuba y Venezuela. En la medida que puedan, y mientras los demás los dejen, intentarán avanzar con su agenda contraria a la libertad. Por eso debemos tener más presente que nunca el caso cubano. Y recordar que la libertad siempre puede restringirse, aunque esas restricciones se presenten como “nuevos derechos”, “cuestión de decencia” o intentos por alcanzar objetivos nobles como la “igualdad” o la “equidad”.

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