Feminismo y libertad, frente a la ideología de género

Feminismo y libertad, frente a la ideología de género
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Rodrigo García García

Rodrigo García García

Licenciado en Derecho por la UCLM, máster en “Abogacía y Práctica Jurídica” por la Univ. Pontificia de Salamanca en centro adscrito, diploma de estudios avanzados en filosofía del derecho por la Universidad Complutense de Madrid, cursos de especialización en derecho penal del menor y en Violencia de Género. Abogado en Ejercicio desde 2007, afiliado del Partido Popular y miembro de la plataforma para la transparencia y participación del PP, denominada “abiertopp” (www.abiertopp.es). También participo en tertulias políticas en la “Cadena Ser Ciudad Real”. Casado y padre de tres hijos. Liberal. Perfil de twitter: @rodrigogargar
Rodrigo García García

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Si en los años veinte del siglo pasado, fueron los derechos de los trabajadores o en los sesenta, la paz como concepto genérico, ahora, en el primer tercio de siglo XXI, el eje central de la ética, como sistema de valores que rige nuestra propia persona, y que tiende a colectivizarse en esa amalgama de intereses abstractos, denominada “sociedad”, es el feminismo.

Obviamente, como concepto ideológico, el feminismo es siempre ganador, además, no puede ser de otra manera. ¿Acaso hay alguien que justifique que una mujer dependa de un tercero que gestione su libertad económica, su libertad personal o sexual?

Ante esta postura nítidamente ética –ser feminista- nos encontramos, a nivel social, político y de gasto “público”, con una gran beligerancia por parte de la izquierda, de apropiación del término y del valor ético “feminista”, bajo el manto de una ideología, denominada de “género”.

Esta situación, para aquéllos que defendemos la libertad como eje inspirador de toda actividad política, hemos de preguntarnos, de manera crítica, si feminismo e ideología de género, son significados homónimos… la respuesta, obviamente es no.

¿De qué consta la ideología de género?

La ideología de género, como visión feminista, y ahora dominante, se estatuye en la Conferencia de Pequín, de 1995, cuyo objeto nuclear era la mujer.

Inicialmente era bien intencionada, con objetivos asumibles por todos, entre otros, el de “Defender los derechos y la dignidad humana intrínseca de las mujeres y los hombres”.

A raíz de esta conferencia, y bajo parámetros marxistas, se empieza a implementar en torno a una idea descriptiva de la persona, en la cual, todo es “cultural”. Ya sea desde su esencia sexual, su desarrollo personal, la identidad e incluso, el papel que se tiene en la “sociedad”.

Incluso, falsariamente, posee tintes pseudoliberales, en las que “libremente” podemos decidir si somos hombres, mujeres o neutros, pues ser hombre y mujer son construcciones de “rol” sociales e impuestos.

¿Por qué esta ideología seduce a la izquierda?

Esta ideología de género casa perfectamente con el marxismo; no hay más que cotejar el “Manifiesto Comunista”, con los postulados de “género”. He aquí dos ejemplos claros:
1) “Hasta hoy, toda la historia de la sociedad ha sido una constante sucesión de antagonismos de clases, que revisten diversas modalidades”.

La ideología de “género” parte de una falacia antropológica, presupuestada en que, ontológicamente, hombres y mujeres nacemos configurados para el conflicto entre sexos antagónicos, con intereses contrapuestos, cuyo objetivo propio “común” de cada uno de ellos, es la derrota el otro.

2) El burgués, que no ve en su mujer más que un simple instrumento de producción, al oírnos proclamarla necesidad de que los instrumentos de producción sean explotados colectivamente, no puede por menos de pensar que el régimen colectivo se hará extensivo igualmente a la mujer”.

Este planteamiento marxista, es translaticio a la falsa idea de que el objetivo del hombre, no es otro, desde una impronta capitalista, que explotar a la mujer, como elemento productor. Es decir, el “heteropatriarcado”.

Y, el liberalismo, ¿qué plantea?

El feminismo, o es liberal, o no habrá feminismo. Diez reflexiones:

1) Se ha de negar la supuesta lucha de sexos, toda vez que antropológicamente no hay base científica que establezca semejante posición entre hombres y mujeres.

2) No existe el colectivo “hombre” y el colectivo “mujer”; existimos personas diferenciadas por nuestra propia naturaleza, individuales y sexuadas, que somos únicos, con intereses propios y no contrapuestos de por sí.

La libertad es individual, y no se puede lograr imponiéndosela a un tercero; solo se puede lograr de forma colaborativa, y nunca enfrentada, elemento tautológico éste, del marxismo.

3) Hombres y mujeres como sexos, somos naturalmente desiguales, como también lo son dos mujeres o dos hombres. La pertenencia a uno u otro sexo de dos personas, no las convierte seres en uniformes, al igual que no hay dos empresarios idénticos de un mismo sector, o dos asociaciones con un mismo objeto o fin “públicos”. El individuo, siempre por encima del “colectivo”.

4) Ninguno de los sexos –hombre o mujer- están esencialmente dotados de maldad o de bondad. Somos los individuos racionales y con nuestras decisiones. Unilateral y éticamente somos nosotros los que erramos o acertamos.

5) La única construcción social que delimita a un hombre o una mujer, es, precisamente, la “perspectiva de género”, que impone justo aquello por lo que hipotéticamente lucha: un determinado modelo de hombre y mujer, sin posibilidad de discrepancia.

6) La ideología de género ha fracasado en sus objetivos: Después de millones y millones de euros gastados, siguen muriendo miles de mujeres y sucediéndose episodios de violencia inasumibles.

Además, tras estos años, las mujeres tampoco son iguales a los hombres.

7) El liberalismo es compatible con la acción estatal, siempre y cuando sea para garantizar la libertad de los ciudadanos. Cualquier persona –hombre o mujer- cuya libertad sea subyugada violentamente por un tercero –hombre o mujer-, ha de tener un aliado en el estado, para su libertad activa, pero no para devenir en un subsidiado pasivo. Si una mujer sufre violencia, el estado ha de apoyarla.

8) El factor que empodera a la mujer no es la igualdad, es el capitalismo, que le permite ser dueña de su propiedad, sin mansumisiones o patrias potestades de terceros, ya sea un hombre, otra mujer, o el propio estado.

9) Una mujer oprimida no necesita igualdad. Necesita libertad; máxime si no es libre, ya sea un hombre, una mujer o el estado, quien le robe el único bien congénito que poseemos: la libertad.

10) El liberalismo no significa no tener ideología. Significa ser libre para elegir y ser consecuente con las elecciones individuales. Un hombre y una mujer no pueden quedar constreñidos en una visión obtusa, subjetiva y desnturalizada de lo que es un hombre o una mujer. Toda perspectiva es sesgada, y la de “género”, más.

El liberalismo, por tanto, tiene un amplio margen de aportación al feminismo, construyendo espacios de libertad para las mujeres; espacios a día de hoy ocupados por la ideología de género, descendiente directa del marxismo, con todos los males de sobra conocidos, y por ello, como liberales, tenemos el derecho de vivir bajo el feminismo liberal, y la obligación de ganar la batalla, también en este campo, al marxismo sociológico, que sólo ha servido para clasificar personas en grupos, enfrentarlos entre ellos, para que unos y otros, solo obtengan el mismo resultado: pobreza, miseria, y desesperación.

“Pero somos ya muchas las que sentimos vibrar en nuestro espíritu ese primer postulado de la ética: sed libres”.
Al sentirlo, afirmamos en nuestro íntimo ser la frase prometedora de Stamler: La libertad no tiende a eliminar tendencias, sino a construirlas”.(Clara Campoamor, 1925).

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