La competitividad de un país y una empresa (III)

La competitividad de un país y una empresa (III)
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Antonio de la Hoz

Antonio de la Hoz

Licenciado en Ciencias Empresariales por la Universidad complutense y Cunef. Licenciado en Economia Internacional por la Universidad Complutense. Trabajo como inspector y asesor de inversiones y director de los departamentos internacionales de ABN , Caja Duero y Cajas España, asi como consultor del Icex . Actualmente dirige la consultora Vector, especializada en información, comercio, financiación e inversiones internacionales.
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FASES POR LA QUE PASA UN PAÍS EN SU DESARROLLO

Cuando un país comienza a progresas pasa por varias fases:

1.- Una primera basada, impulsada, por los FACTORES DE PRODUCCIÓN:

La disponibilidad de recursos naturales y su uso, permiten crear puestos de trabajo y mejorar las exportaciones, pero con una tecnología muy básica, y pilotada a veces por multinacionales extranjeras. Suele ser una fase efímera, y es independiente del nivel de desarrollo del país, pues se da tanto en Canadá o Australia como Arabia Saudí o Iraq.

2.- Una vez acumulo capital y recursos en la fase anterior, y mejorada la reputación, se entra en una segunda fase conocida como de INVERSIÓN:

Donde la nación empieza a invertir en todos los sectores empresariales y levantan grandes industrias de acero, naval, automoción, textil, construcción, etc., para lo cual necesita ingentes recursos financieros, conseguidos muchas veces a través del Estado y sus entidades financieras o garantías. Es algo ligado al prestigio nacional, pero que puede llevar a grandes fracasos, pues no todos los proyectos prosperaran y las deudas hay que pagarlas, además de dejar sin financiación al resto de sectores económicos.

La falta de recursos internos, lleva incluso a que parte de esta financiación tenga que ser buscada en mercados internacionales y divisas convertibles, con el riesgo aparejado que conlleva.

3.- Cuando el país ha consolidado una fase industrial, se entra en una nueva fase desarrollo llamada de INNOVACIÓN:

Implica un cambio cualitativo importante, y al cual no llegan muchos países que se quedan en la fase 2. Implica una mejora de calidad sustancial en la mano de obra, educación, productividad, costes, adaptación de los productos a nuevos segmentos y mercados extranjeros, y sobre todo una filosofía de cambio y adaptación permanente en el mundo de hoy. Para los empleados, y Japón es un caso paradigmático, significa seguridad de están con un líder y nuevos oportunidades laborales dentro de la empresa en los campos de actividad y productos que se vayan creando.

Los productos y servicios son cada vez más sofisticados y refinados, adaptados al cliente, lo que les permitirá abrirse con facilitad al mercado global.

El papel del Gobierno en esta etapa esta en acompañar a las empresas, no mediante subvenciones, sino desgravaciones y ayudas en laboratorios públicos, pero nunca inmiscuyéndose en el desarrollo de productos, ni bajando al detalle. Igualmente debe realizar un esfuerzo importante en adaptar el sistema educativo, tanto básico, universitario y de formación profesional a las necesidades de las empresas, tanto adaptando los programas formativos, los niveles de exigencia, como las prácticas empresariales.

No toda la I+D es reciente. En otras épocas como el XIX en Inglaterra o XX en Alemania, hubo países que apostaron claramente por ella y no les fue mal, pero por diferentes circunstancias nacionales, se quedaron estancados o incluso retrocedieron, una prueba más de lo dinámico del proceso.

4.- La última fase de desarrollo de las naciones, y diríase la más delicada se llama de RIQUEZA:

El país es opulento, la riqueza se vuelve miedosa, conservadora, y prefiere las inversiones financieras seguras a las industriales con riesgo. El nivel de esfuerzo y los valores de la sociedad se vuelven acomodaticios, se valora más el bienestar y ocio que el trabajo, y esto marca el comienzo de un declive.
Sorprendentemente muchas naciones han y están intentando entrar en esta fase de conservación del statu quo y reparto, incluso antes de hacer pasado por esa fase previa de innovación, critica para que el país sea realmente productivo, este salto de la industrialización a la riqueza es precipitado y abocado al fracaso.
En esta fase el Estado se ve abrumado por las demandas de numerosos colectivos sociales, que demandan protección y calidad de vida, e igualdad entre los ciudadanos, pues ellos también votan y quieren participar activamente de este bienestar, incluso aunque no hayan contribuido a generarlo. Todos estos gastos se graban a fuego en el Presupuesto público, hasta el punto que cuando el nivel de riqueza empieza a descender, pues es muy difícil prescindir de ellos, generando una espiral de deuda y déficit que no hace más que agravar el problema y el declive a largo plazo, pues secuestra el ahorro acumulado y expulsa del mercado de capitales otras inversiones, además de incrementar la presión fiscal para financiarlo, perjudicando gravemente varios puntos del “Diamante” de la competitividad nacional.

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