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Pablo Portilla

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PABLO PORTILLA Especialista Universitario en Dinero y Banca por la UNED y Asesor Financiero y de Productos de Inversión por la ESCA. Articulista ocasional en la prensa regional asturiana, es además Experto Universitario en Heráldica, Genealogía y Nobiliaria y autor de varias biografías para el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia.
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Va en aumento el nivel de falso puritanismo, de inquisición y de radicalización política, de los enemigos de la libertad, contra todos aquellos que no comulgan con su pensamiento único, con sus políticas supuestamente sociales, con su control del mercado o con su plan permanente para mantener a la sociedad enfrentada.

Los enemigos de la libertad actúan inquisitorialmente imponiendo por ejemplo la ideología de género. Todo es sexista y nadie se libra de poder ser estigmatizado. Como talibanes, prohíben un calendario de los bomberos porque salían sin camiseta, eliminan un artístico grafiti de Poseidón y Atenea porque tenían el torso desnudo, censuran una pintura de Ángel Idígoras y un poema de Aleixandre por machistas o encuentran ofensivas las canciones de Mecano. Todo queda a merced del ofendidito de turno. El sentido común reducido al capricho de los que solo quieren derechos y ninguna responsabilidad. Imposición de un pensamiento único en todos los niveles.

Los enemigos de la libertad dicen defender con sus políticas a los más necesitados, pero vemos como ese falso puritanismo social nos lleva al empobrecimiento generalizado. El Secretario de Estado de la Seguridad Social lo ha dicho bien claro: «el parche actual de las pensiones es para diez años». La estafa de las pensiones, el salario social o todo lo que estos días se escucha sobre el Salario Mínimo Interprofesional son ejemplos claros de políticas dirigidas a controlar la sociedad. La subida del SMI -un 22 %- implicará, por ejemplo, que a muchos trabajadores temporales les recorten el número de horas para seguir cobrando lo mismo (pero recordemos que países como Dinamarca, Suecia, Finlandia o Austria no tienen SMI). De ahí, al paro. Y finalmente, al salario social, que en Asturias en diez años ha aumentado un mil doscientos por ciento (asi en letra para que nadie se despiste). Entonces, un partido que aspira a gobernar con el voto de los pensionistas y de aquellos ciudadanos que menos ingresos reciben, ¿cómo los querrá?: ¿más ricos o más pobres y dependientes de sus políticas? Es terrible, pero es lo que los enemigos de la libertad buscan. Hacernos a todos más pobres para controlarnos. A todos menos a ellos. Claro está.

Los enemigos de la libertad, subvencionan empresas según sus intereses, retuercen las leyes para que les favorezcan en sus negocios particulares (sea un banco hecho a medida, una pyme de mentira o un empleado de hogar sin contrato) pero a los demás nos prohíben la venta puerta a puerta del suministro eléctrico dizque para proteger a los consumidores (solamente en Asturias son más de 1000 los empleos que se perderán) o imponen al autónomo que trabaja de sol a sol en su vehículo diésel un impuesto estatal para protegerle de la contaminación y destinarán ese dinero a subvencionar las compras de vehículos eléctricos, que como todo el mundo sabe actualmente no están al alcance de todos los bolsillos… Un sistema económico teledirigido y controlado totalmente. Nada que ver con la libertad.

Los enemigos de la libertad radicalizan y enfrentan a la sociedad para lograr sus fines. Y lo hacen provocando conflictos territoriales, raciales, lingüísticos, educativos, históricos… Todo con tal de mantener o conseguir una situación de privilegio. Mantener o conseguir. Corrupción o revolución a ninguna parte.

Afortunadamente la gran mayoría de los ciudadanos sabemos que España, con todo lo malo que cada uno quiera criticar, es uno de los mejores países del mundo para vivir. Por eso es importante que lo tengamos claro. La libertad se defiende o se acaba perdiendo. Cambiemos el parámetro político. Olvidémonos de derecha o izquierda. Se trata de elegir entre más responsabilidad individual o más poder político. Se trata de elegir entre mayor libertad del ciudadano o mayor intervención de los enemigos de la libertad en nuestras vidas.

En esa batalla estamos. Porque si no se respeta y se defiende la libertad profunda del ser humano, se allana el camino para los totalitarismos de todo signo: los que mataron a millones de judíos, de kazajos o ucranianos, los que llevaron a España, a Yugoslavia o a Ruanda a la tragedia o los que tienen en el exilio a 5 millones de venezolanos. Y nadie decente quiere nada de eso, ni de cerca, para el país en el que vive. Seamos decentes.

 

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