Una revolución productiva para Asturias - El Club de los Viernes

Una revolución productiva para Asturias

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Diego Barceló Larran

Diego Barceló Larran

Economista, director en Barceló y asociados, exinvestigador senior en IESE Business School (Madrid).
Diego Barceló Larran

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Producción en Asturias

Durante el período 2010-2017 (último año con información disponible), el PIB de Asturias cayó 1,8%. Al mismo tiempo, el del conjunto de España creció 5,5%. El dato asturiano es el peor entre todas las autonomías. La misma conclusión se alcanza considerando otros períodos, como 2000-2017.

Ese dato significa que en 2017 se produjeron en Asturias casi un 2% menos de bienes y servicios finales que en 2010. Esa menor producción es lo que explica la falta de oportunidades laborales y la emigración de jóvenes, y pone de manifiesto el menor atractivo de nuestra región para captar inversiones.

Para “dar vuelta la tortilla” y cambiar la triste historia de decadencia asturiana se necesita una revolución productiva. Una revolución que, en esencia, consiste en revertir las políticas socialistas, siempre empobrecedoras, que durante demasiados años se llevan aplicando en el Principado.

Si los socialistas de todos los partidos convirtieron Asturias en un infierno fiscal, con el mayor número de impuestos autonómicos y una presión tributaria más alta que en otras regiones, la revolución productiva debe tener como objetivo que nuestra región pase a tener la fiscalidad más ventajosa de España.

Si el socialismo castiga a los asturianos con uno de los Impuestos sobre Sucesiones más caros de Europa, desalentando el ahorro y entorpeciendo el ascenso social, para avanzar en la revolución productiva hace falta suprimirlo por completo.

La gestión en Asturias

Si durante la “gestión” de Fernández & Carcedo “sociedad ilimitada” (creen que el aumento del gasto público no tiene fin) la deuda pública asturiana creció a un ritmo medio de más de un millón de euros por cada día laborable, la revolución productiva exige poner orden en las cuentas públicas.

Mientras los socialistas de todos los partidos no confían en la voluntad de superación de la gente (por lo que solo piensan en dar ayudas y subvenciones de todo tipo, incluso a quien no lo necesita), la revolución productiva parte de crear oportunidades de inversión rentable, para multiplicar el empleo y la actividad.

Esos mismos socialistas crearon una “trampa de pobreza” con un “salario social” que no incentiva ni permite progresar a quienes lo perciben. Una “trampa de pobreza” que parece, además, diseñada para satisfacer oscuros intereses políticos (a más perceptores, más votos cautivos potenciales). La revolución productiva no puede prescindir del trabajo de nadie en condiciones de aportar su esfuerzo, por lo que podría convertirse el “salario social” en un subsidio a la contratación de nuevo personal.

Si los socialistas de todos los partidos no han tenido en la defensa de la familia una de sus prioridades, la revolución productiva debe ponerla en el centro, por ejemplo, creando deducciones fiscales por la contratación de asistentes en el hogar, por el pago de seguros médicos y por los costes de educar a los hijos.

Los socialistas

Mientras los socialistas de todos los partidos han perseguido la educación concertada y utilizado el contenido curricular como una herramienta más de propaganda (unas veces más sutiles que otras), la revolución productiva exige la mayor libertad educativa posible, tanto en lo que hace a la elección del centro como a los contenidos que se enseñan.

Los socialistas han reprimido la capacidad de creación de riqueza de los asturianos coartando su libertad. La revolución productiva debe seguir el camino inverso, ampliando la libertad en todas las esferas posibles, desde la libertad de elección de Centro de Salud, hasta una mayor libertad de horarios comerciales, pasando por no poner trabas innecesarias a cualquier iniciativa que pueda surgir con las nuevas tecnologías (como el caso de los pisos turísticos).

El socialismo convirtió Asturias en una suerte de león enjaulado que, imposibilitado de desplegar su fuerza y agilidad, envejece y se debilita en una triste agonía. No tenemos por qué resignarnos a la nada, cuando somos capaces de aspirar a todo. Las próximas elecciones autonómicas nos darán la oportunidad de cambiar la historia. Ojalá la aprovechemos. Asturias, ¡levántate y anda! ¡Levántate y anda!

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