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¿Algún día habrá alguna legislación a favor de la vida? (II)

¿Algún día habrá alguna legislación a favor de la vida? (II)
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Luis Javier Zurro Hernández

Luis Javier Zurro Hernández

Licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Medicina por la Universidad de Valladolid. Médico especialista en Anatomía Patológica y en Medicina de Empresa. Jefe se Servicio Hospitalario de Anatomía Patológica desde 1981 hasta 2004 (excedencia voluntaria). Ejercicio libre en la actualidad. Profesor universitario desde 1977 hasta la actualidad. Colaborador ocasional en prensa de papel y en medios digitales.
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En este capítulo se abordará todo lo relacionado con la disparatada teoría de género de la que han emanado diversos aspectos legislativos con la perversa pretensión de retorcer lo que la naturaleza ha generado a lo largo de millones de años. Miren, decir que las niñas tienen pene y los niños vagina es una solemne estupidez, una gran mentira, y lo que es peor, una maldad. El sexo viene genéticamente determinado, y salvo alteraciones de esta índole, condiciona el desarrollo de unos órganos sexuales, aunque a algunos les moleste, también llamados reproductores, pues es evidente que son los encargados de esa función. Sin ir más lejos los espermatozoides se producen en el testículo, y los óvulos en el ovario, y hay un dimorfismo en todas las especies con reproducción sexual. Esto es incontrovertible, y es sospechoso y muy peligroso que se pretenda tergiversar. A partir de aquí, cada individuo es muy libre de cómo afrontar su sexualidad, y decidir sus gustos y preferencias hacia donde estime conveniente. Pero de ahí a pretender decir que los seres humanos nacen con un género neutro e indefinido que hay que construir y desarrollar a lo largo de la vida, es una absoluta perversión, y una aberración científica. Porque el XX y el XY determina desde la época embrionaria el desarrollo de unos órganos sexuales diferentes y complementarios para la reproducción, pero no sólo esto, sino una secreción hormonal asimismo distinta, que va determinando a su vez otras diferencias morfológicas en el cuerpo del hombre y la mujer, así como sus diferencias psicológicas y de carácter, incluyendo como lo más habitual la atracción sobre el otro sexo. ¿O es que estos pseudocientíficos del cuento y la aberración, nos van a decir que las hormonas llamadas sexuales son iguales en el hombre que en la mujer? Pues no, y eso es lo que a lo largo del tiempo, y en especial a partir de la pubertad, va generando un más diferenciado dimorfismo sexual.

Introducir de forma sistemática la duda sobre la identidad sexual de los niños es una monstruosidad y una perversión, que lo único que va a producir es angustia e inseguridad en unas edades ya de por sí difíciles al producirse la socialización y la salida del círculo familiar protector, con la necesidad de reafirmar la posición del individuo y la identidad  personal. Por lo tanto quiebra esa necesidad de afirmación cuando se le introduce artificialmente y de forma forzosa la tribulación de la duda. Es aberrante que por una minoría de niños que puedan tener problemas en ese sentido, haya que extender el conflicto a toda la población, y crear la duda sistemática. Pura y perversa ingeniería social, una vez más en contra del orden natural.

Por otra parte es comprensible que cada grupo o colectivo se sienta orgulloso de lo que mejor le parezca. Nadie a día de hoy creo que puede impedir y perseguir que cada cual desarrolle su sexualidad como mejor le parezca. Ahora bien, otra cosa es que se magnifique un hecho tan particular con apoyo público de todo tipo y con ocupación de ciudades, que obligue de una u otra forma a la participación de toda la ciudadanía. Porque pienso que como mínimo el mismo derecho de orgullo tendrán los heterosexuales, que a mayores tienen hijos, a los que cuidan, alimentan y educan, con un importante sacrificio y destinando en esta misión buena parte de sus recursos económicos, que además lleva aparejado el mencionado beneficio del mantenimiento de la especie y la contribución al sostenimiento de una cultura y una nación. Supongo que en breve y con el mismo tratamiento y respeto público, surgirán estos días de orgullo, o quizás también del orgullo cristiano o del orgullo taurino o torista, sólo por poner unos ejemplos de los infinitos orgullos que se pueden despertar.

Por mucho que se quiera disimular, es evidente que en una sociedad en la que con más frecuencia se desarrolle la homosexualidad, más limitada va a ser su capacidad reproductiva, y por lo tanto su capacidad vegetativa de supervivencia. Y esto no es ir contra nadie, simplemente alertar sobre consecuencias futuras, que por otra parte ya se están poniendo de manifiesto. La ciencia no es la opinión de grupos vociferantes por muy contundentes que sean, ni tampoco el criterio de las mayorías aunque sean parlamentarias, y una cosa es que se respete a las minorías, y otra muy distinta es que desde el victimismo minoritario se quiera imponer su criterio, y que la sociedad tenga que seguir sus designios a través de la manipulación política y de los medios.

Y para cerrar el círculo está a punto de llegar la ley de la Eutanasia con la pretensión generalmente falsa de una muerte digna. Miren, la muerte sin dolor y la agonía abreviada, es algo que se lleva haciendo desde hace años en España, y sino comprueben cuántos de los fallecimientos se producen en estado de sedación e infórmense en las Unidades de Cuidados Paliativos. ¿Qué se pretende entonces en realidad? Pues una mayor capacidad de intervención del Estado en la eliminación de individuos, y en la regulación de la vida y la muerte. Terrible, así que viejecitos de mínima autonomía y elevado coste, así como otros preteridos y añorados por descendientes sin escrúpulos y ávidos de herencia, échense a temblar, y contribuyan a retrasar en la mayor medida la promulgación de esta ley. Porque les puedo asegurar que es imposible establecer un marco legal que garantice de forma sistemática y real los derechos de ese futuro e inminente difunto.

En definitiva resulta que toda la legislación y la política torticeramente llamada progresista se posiciona a favor de la cultura de la muerte y en contra de la vida y de la renovación y continuidad de la especie, sólo defendiendo de forma egoísta los derechos de la población actual sin ninguna perspectiva de futuro, y sin atender los de los más desprotegidos. Pues miren no, el progreso es mirar al futuro y la cultura de la vida. Es paradójico que mientras los defensores de esta falaz progresía lleguen a la lágrima cuando se mata un mosquito o se arranca una flor, sean tan poco sensibles ante estas políticas de muerte. Si lo que se pretende es el fin de la especie, o de manera más restringida de nuestra cultura occidental, sería conveniente que se dijese de forma abierta y por lo tanto figurase en sus programas. Y todo indica que este perverso diseño de ingeniería social se encuentra en ese camino.

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