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La voracidad del estado, una amenaza

La voracidad del estado, una amenaza
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Fernando Álvarez Balbuena

Fernando Álvarez Balbuena

Fernando Álvarez Balbuena es doctor en Ciencias Políticas y Sociología, máster en Historia Social y del Pensamiento Político, óptico y poeta. Es miembro correspondiente del Real Instituto de Estudios Asturianos en atención a sus investigaciones, estudios y publicaciones relacionados con el siglo XIX.
Fernando Álvarez Balbuena

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La voracidad del Estado

Las promesas de disminuir los impuestos a las clases medias y de subírselos solo a “los ricos” y a las grandes empresas, oculta, por parte de todos los partidos políticos, una falacia y una amenaza a la salud de la economía.

Ésta no es otra cosa que un simple concepto y eslogan demagógico, generalmente muy bien acogido por el ciudadano votante, a las que gusta mucho la idea de que sean los más ricos los que lo paguen prácticamente todo.

No se da cuenta de que no es el Estado el que crea la riqueza, sino precisamente esos a quienes se quiere castigar con impuestos que, muchas veces, son excesivos, confiscatorios y esterilizadores de la iniciativa empresarial.

Adam Smith tenia razón

El Estado que cada vez es más interventor y recaudador, sabe perfectamente que la riqueza se crea gracias a las empresas y a los ricos y que de sus actividades nacen nuevas fuentes de riqueza.

Así lo estableció claramente en su día Adam Smith y sus teorías resultaron ser ciertas.

Pues aunque los “progresistas” de hoy renieguen del liberalismo, ha de reconocerse que precisamente de la mano del denostado liberalismo vino el desarrollo industrial, la revolución tecnológica y la “Riqueza de las Naciones”.

Más aún, la propia democracia es fruto del libre mercado y del capitalismo, y no al revés, como se empeñan en hacernos creer mentirosas propagandas izquierdistas.

El reproche continuado de que el capitalismo esclaviza a los pobres me resulta poco consistente.

No tenemos más que ver que en todos los países en que reina la miseria, las multitudes emigran, poniendo incluso su vida en peligro, hacia donde el capitalismo es pujante.

Y parece que no les ofrece la esclavitud, sino una mejor oportunidad para salir del estado miserable en el que viven.

Los españoles como ejemplo

Los propios españoles somos un ejemplo anterior en el tiempo para los africanos de hoy y merece la pena que lo recordemos:

Cuando las clases medias y pobres de una España arruinada por la Guerra de la Independencia, las posteriores Guerras Carlistas y las inestabilidades políticas y económicas del siglo XIX,  buscaron una salida a su precaria situación, emigraron masivamente a las ricas y capitalistas Repúblicas Sudamericanas.

E incluso y a pesar de desconocer el inglés, también lo hicieron a los ahora tan odiados Estados Unidos, donde se crearon fortunas que, después del desastre del  98, se repatriaron y sirvieron para reponer nuestra hundida economía.

Así se crearon empresas como La Compañía Telefónica Nacional, el Banco Hispano Americano, El Corte Inglés o Galerías Preciados, y las primeras empresas productoras de electricidad, como Hidroeléctrica Española (1907). Y también multitud de pequeños negocios que contribuyeron al bienestar económico de nuestra patria.

Más recientemente, tras la posguerra, fueron muchos los españoles que se marcharon a reponer su desastrosa situación económica a países tan capitalistas como Alemania Occidental o Suiza. Desde luego, no conozco ninguno que se fuera a los paraísos soviéticos tras el Telón de Acero.

Y miren Vds. por donde, ahora que tantos países Sudamericanos están pasándolo muy mal, sus ciudadanos vuelven sus ojos a la nuevamente próspera Madre Patria, para reponerse de los desastres de sus  “revoluciones liberadoras de los humildes”.

Generar riqueza

Los ricos generan riqueza.

Las grandes empresas pagan dividendos y ese dinero sirve, a su vez, para crear nuevos negocios.

Porque ese dinero no está guardado en cajas fuertes o bajo los colchones.

Sino invertido en valores, circulando y sirviendo de instrumento financiero, tanto a empresas como a particulares que acuden al banco a solicitar préstamos que, a su vez, vuelven a generar más riqueza y más consumo.

Conclusiones

Por eso castigar sin mesura a las personas y a las empresas que crean riqueza con impuestos tan injustos como un 52% en la renta o la incalificable confiscación sobre herencias y patrimonio, es desmotivar : el ahorro, el  estímulo del legítimo progreso personal y, sobre todo, anular el espíritu emprendedor.

Ello implica la deslocalización de las grandes empresas, así como la huida de los grandes capitales, porque no deben olvidar, ni los políticos ni la “progresía” que si existen paraísos fiscales, es porque también hay infiernos fiscales.

Y esto es malo para todos.

Lo que no quiere decir que una fiscalidad justa o una ley fiscal justa no sea  imprescindible para evitar desmanes y corrupciones.

Pero hay algo que no he visto nunca en el Estado Interventor que padecemos, y su poder, que es controlarse a sí mismo.

Cosa que empezaría por disminuir drásticamente su enorme tamaño y establecer una austeridad ejemplar en los sueldos de los políticos y en las prebendas desmesuradas de que disfrutan.

Así como en la supresión de una gigantesca e ineficiente burocracia, creada innecesariamente para colocar clientela política, todo lo cual propicia hacer recortes en las políticas sociales.

En vez de recortar sus propios despilfarros, tales como las Autonomías, por poner solo un ejemplo sangrante, aunque podríamos poner muchos más, haciendo interminable este artículo.

2 Comentarios

  1. lauratargaryens
    lauratargaryens 1 año hace

    El desarrollo de un país, la riqueza , el bienestar, la recaudación de los impuestos, solo es viable si hay administradores decentes y honrados, algo que lamentablemente no hay en general, el control del dinero, a quien se da, con las garantías de inversión y reciprocidad de un ciclo comercial, a día de hoy por motivos evidente de corrupción muy grave en los responsables de administrar, ordenar y verificar con garantías dicha fluidez, no se esta haciendo bien a nadie,
    La inexistente legislación para evitar la corrupción, el nivel nulo de crear medidas preventivas, el hecho de no tener un castigo ejemplar por cometer el delito, evaporándose en simples penas administrativas ridículas.
    Concienciar a la ciudadanía de exigir una fiscalización en los procesos de diario, una simple factura, con el simple comentario intimidatorio que suelen decir, el vendedor, “no sea tonto, si me pide factura tendré que meterle el IVA correspondiente”. No vamos a salir de pobres si le mete el IVA correspondiente por que primero es un deber y obligación realizarlo y segundo es un ciclo que beneficia aunque no se vea.
    Si, los ricos en general producen inversiones y comercio, con mano de obra de trabajadores, que si se respetaran derechos laborales y su sueldo tuviera un acorde con el nivel de vida de su propia zona o país, iría mejor, la dignidad del trabajador.
    Admisible que quien monte una empresa es lógico para ganar dinero, tenga beneficios etc, que por cierto aquí en España esta muy mal estructurado abrir una empresa, mucha burocracia y trabas ademas de la inmediatez de imponer unos impuestos sin apenas dar un tiempo para que respire y produzca.
    Y cierto toda persona que emigra es para mejorar, aunque tenga que recibir abusos y desprecios del empleador.
    Soy de la opinión de que si existe un sueldo SMI, debería haber un SMXD, sueldo máximo definido.
    En contra de la politizacion de sueldos no declarativos o exento de impuestos.
    En contra de que un señor caliente un sillón ocho años y reciba una pensión vitalicia.
    Abusar de un cargo publico y derivar a amistades y familiares unos beneficios, lo que yo llamo la DEDOCRACIA.
    No solo la regulación de unos impuestos bastaría sino el limite de los abusos.

  2. Anónimo Máximo 1 año hace

    Lo peor no es la voracidad del estado, sino la mansedumbre de la empresas.

    A ver si algún día se animan a tener ambición, que a este paso van a ser devoradas por esa bestia parda que es el mercado nacionalizado.

    No hay más que ver cómo Europa está sumida en política comunistas y retrógadas.

    La reforma laboral de Francia no hace más que ahondar en esa senda: un caso clarísimo de papá estado, que se entromete en la voluntad de los ciudadanos para imponerles lo que no quieren solo porque creen que es “lo mejor para ellos”.

    Si no quieren la reforma, ¡que elijan no quererla y punto! ¡Ya se comerán las consecuencias! ¡No te jode, Papá Estado a darles todo el trabajo hecho!

    Saludos. Me encanta este blog.

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