Podemos, comunismo e historia

Podemos, comunismo e historia
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Luis J. Blanco Gutiérrez

Luis J. Blanco Gutiérrez

LUIS J. BLANCO GUTIÉRREZEconomista. Licenciado CC. Económicas Universidad de Alcalá de Henares. Colegiado del Ilustre Colegio de Economistas de Madrid. Empresario. Consejero de Portfolio Holding, grupo empresarial portugués. Anteriormente, director financiero de grupos inmobiliarios e industriales.
Luis J. Blanco Gutiérrez

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El comunismo

Según Marx, el capital tiende a concentrarse proletarizando la sociedad.

Esto, en un mundo sumido en la crisis, con una economía dominada por ricos en contraposición con el resto de clases (desigualdad social), se hace tangible cuando existe la percepción de un mundo dominado por élites empresariales que actúan en común acuerdo con las clases dirigentes en el ámbito político, manipulando a su antojo el estado y los mercados.

La libre competencia y la democracia

Todo esto supone que la libre competencia y la democracia se reducirían a una fachada que encubre el control ejercido por un monopolio político-económico y que, en el contexto de una crisis económica que el sistema capitalista tarda en resolver, podría explicar perfectamente la imposibilidad social de avanzar en derechos, libertades y prosperidad.

Así las cosas, el socialismo, en su vertiente más radical, es decir, el comunismo desgarrado de su filosofía básica, el socialismo llevado su extremo, tiende a imponerse en respuesta a la degradación de un capitalismo corroído.

Con un mensaje de liberación, la recuperación conjunta de valores de otros tiempos, saber y moralidad a la vez, con capacidad de empatizar con el ciudadano y la lucha contra el egoísmo de clases en que se hayan inmersos los más poderosos, se oferta un porvenir mejor.

La clase media

Y contando, adicionalmente, con el apoyo de parte de las clases medias, hundidas y marginadas por el referido monopolio.

Ciertamente, un fenómeno de tal tipo no implica el consenso absoluto y, como en cualquier clase de movimiento que se levanta con contundencia no siempre sus dirigentes están de acuerdo y no es ajeno a luchas intestinas por llevar la voz cantante, porque, además, en cualquier tipo de organización no es viable que se llegue a calificar como tal si no existe cierta jerarquización.

Los dirigentes comunistas

Y en esa búsqueda de poder por parte de los dirigentes comunistas se va perdiendo la idea del marxismo, porque interesa más, a título individual, desgajar y apartar aquello que no sea relevante para sus intereses personales, como la idea del estado opresor que impide la dictadura del proletariado, idea que se desvanece pasando a ser el control estatal una herramienta básica para retroalimentar su posicionamiento jerárquico.

En consecuencia, podemos definir este movimiento podemita como de corte comunista en su más pura esencia, es decir, con cierta distancia con el marxismo, y que ofrece la destrucción de un sistema corrupto y obsoleto que solo beneficia a unos pocos en detrimento del resto, siendo perfectamente lógico y explicable el apoyo recibido de cierta parte de las clases medias, que ha venido prosperando en el caldo de cultivo de manifiestas desigualdades sociales y de una crisis económica de gran calado.

Podemos

Según esta exposición parece perfectamente lógica y explicable, habrá quien diga que también necesaria, la aparición del fenómeno Podemos.

Pero una cosa les digo.

Si intentan explicar el origen de los partidos comunistas, allá por los albores del siglo XX, estos párrafos que he redactado son de perfecta aplicación, únicamente han de sustituir el término clases medias por burguesía, incluir en la idea del monopolio de las élites aquello relativo al colonialismo y ya lo tienen.

¿Les sorprende?

Si les interesa el final de la película, lo tienen a su disposición en bibliotecas y hemerotecas.

La ideología comunista

Bien es cierto que buena parte de la sociedad es ajena a todo esto, no quiere pensar en ello y no acepta la extrapolación de pensamientos cualquier ideología y, sobre todo, la de hechos y circunstancias acaecidas en otros países a nuestra realidad.

El sustento de este posicionamiento es lógico, España no es Venezuela, España no es la Unión Soviética.

Ni se le parece.

Desde luego, la URSS imperialista del siglo XIX dista mucho de la monarquía parlamentaria española y la estabilidad social, desarrollo y alfabetización venezolana queda lejos de lo que vivimos por estos lares desde hace mucho tiempo.

Pero recuerden que la historia no es una película de ficción, la historia son hechos reales de los que podemos aprender, igual que aprendemos a título personal de todas nuestras experiencias en la vida, y de la que tenemos que extraer conclusiones para no repetir errores.

Un ejemplo en la historia

Dejo, por último, un ejemplo práctico.

Convendrán conmigo en la tradición democrática y estabilidad del Reino Unido, con un parlamento constituido ya en 1801.

Pues bien, corría el año 1968, con sus revueltas estudiantiles y apuros económicos, cuando el descontento con el gobierno de Harold Wilson fue el caldo de cultivo para la toma en consideración de un golpe de estado a instancia de funcionarios y militares, que luego se quedó en nada pero sí fue relevante para el M15 que entró a investigarlo.

¿Quién habría esperado en el Reino Unido tiempo antes el planteamiento de tal situación?

Señores, no olviden la historia, quienes vienen pueden haber aprendido de la misma, pero nada en concordancia con cierto espíritu democrático, posiblemente todo lo contrario.

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